Opinión

El presidente AMLO y la prensa, vistos a través del lente de la ciencia política

DEVERAS

Por  GERARDO VARGAS LANDEROS

En virtud de que el presidente Andrés Manuel López Obrador es el centro de todas las polémicas, a fin de medir el poder inmenso de que dispone, es preciso comprender que no es un presidente convencional, sino el protagonista que conduce un proceso político, económico y social de dimensión histórica, que en poco más de once meses de Gobierno ha generado su propia dinámica interna, por lo que vamos a enfocarlo a la luz del libro La anatomía del poder, del economista y politólogo norteamericano John Kenneth Galbraith.

Según Galbraith, los instrumentos mediante los cuales se ejercita el poder y las fuentes del derecho a ese ejercicio se hallan relacionados entre sí de una manera compleja. El uso del poder depende, en gran parte, de que se mantenga oculto. Esto lo han puesto en práctica los tiranos y déspotas desde los tiempos inmemoriales de los emperadores chinos, mongoles, romanos, etcétera. A su vez, el general Charles de Gaulle, de Francia, sostenía que el gobernante debe guarecerse en la penumbra y rodearse de un halo de misterio, ser inescrutable e impredecible. El polo opuesto es el presidente Andrés Manuel López Obrador, que en sus mañaneras se tutea con sus interlocutores, muy campechano.

En AMLO confluyen las tres fuentes que componen el poder que Galbraith consigna: la personalidad, la propiedad y la organización. En efecto, es el jefe del Estado mexicano (personalidad). En e l año 2020, ejercerá un presupuesto de más de seis millones de millones de pesos (propiedad). Está al mando de un aparato burocrático de 1.4 millones de servidores públicos y de 1.7 millones de maestros. Es comandante en jefe de más de 300 mil soldados, marinos y guardias nacionales (organización). Esas tres fuentes de poder (personalidad, propiedad y organización) se combinan en proporciones diversas.

En lo que concierne a lo que hoy llamamos “poderes de facto”, Galbraith afirma: “El poder puede ser socialmente maligno. El ejercicio del poder, la sumisión de unos a la voluntad de otros, es inevitable en la sociedad moderna; sin él no se consigue absolutamente nada. En un sistema de libre empresa toda la autoridad descansa en el consumidor que opera por medio del impersonal mecanismo del mercado. Se oculta así el poder público de la organización. Similarmente oculto bajo la mística del mercado, está el poder de las corporaciones para determinar e influir en los precios y en los costos, para corromper o dominar a los políticos y para manipular la respuesta del consumidor. Pero queda finalmente claro que las organizaciones influyen realmente en el Gobierno y lo doblegan, y con él al pueblo, a sus necesidades y su voluntad”.

Siempre será útil aplicar los datos básicos que aporta la ciencia política para poner en su justo contexto, dentro del trato igualitario e informal del presidente con la prensa, sus palabras, que en realidad no son estigmatizantes, sino simplemente descriptivas. Haciendo caso omiso de pieles delicadas e hipersensibles, traduzco al lenguaje coloquial los conceptos del maestro Galbraith al presente caso, habida cuenta de que con las redes sociales, ya la prensa no tiene el poder temible de antaño. A tono con el ambiente confianzudo de las mañaneras, ahí van: el que se lleva, se aguanta. Juego que tiene desquite, ni quien se pique. Y el que no quiera pisotones, que no se meta al baile. ¡Santo remedio!

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