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Gobierno y futbol

DIVAGACIONES DE LA MANZANA

Es un hecho que los ámbitos del gobierno y del deporte son independientes uno de otro y siguen su propio camino. Así que no hay razones para que vayan aparejadas las expresiones del deporte masivo y popular con el curso del quehacer político o la gestión de gobierno de un país.

Así, por ejemplo, si hablamos de futbol, los resultados obtenidos por una selección en representación de un país no necesariamente embonan con el estado de ánimo imperante en la propia sociedad o en la calidad de las cuestiones políticas y gubernamentales. Si así fuera, las grandes potencias del orbe siempre ganarían la Copa Mundial del llamado balompié.

Pero a veces ocurren sorprendentes coincidencias. Y hace unos días descubrí una de ellas, que me llamó enormemente la atención.

Me refiero al encuentro más reciente que sostuvo el equipo nacional de futbol frente a la selección de Estados Unidos, que a la postre terminó en empate. Luego de presenciar ese desigual partido me resultó imposible no pensar en que se había generado una especie de binomio futbol-gobierno en nuestro país. Es decir, que –por lo menos este caso– sí coinciden ambas realidades y, de hecho, se caracterizan de manera similar.

No soy una experta en futbol, ni siquiera una gran aficionada y, por supuesto, tampoco soy politóloga, pero sí soy, sin duda, una ciudadana que trata de mantenerse atenta, analítica y propositiva en los asuntos nacionales. En ese carácter llegué a una serie de conclusiones que ahora comparto con ustedes, queridas lectoras, apreciados lectores.

Para empezar, a unas cuantas semanas de que se celebre el Campeonato Mundial de futbol en Brasil, considero que ya no estamos para más experimentos, tal como se argumentó y se trató de justificar luego de tan fallido primer tiempo del partido del 3 de abril, que nos reveló un equipo mexicano que sólo atinaba a realizar jugadas erráticas, con estrategias ausentes y una mezcolanza de jugadores sin ton ni son.

En un ámbito diferente pero, al parecer, paralelo, infiero que tras las reformas emprendidas por el gobierno federal actual queda poco tiempo para instrumentar las políticas públicas definitivas que lleven por fin a nuestra nación a un crecimiento y prosperidad sostenidos, sin dilaciones ni más experimentos.

Y volvemos al futbol: ya en el segundo tiempo de ese juego amistoso con la selección del país vecino fuimos mejorando y hasta pudimos descontar la ventaja de dos goles que los estadounidenses nos habían anotado, con lo que volvió la esperanza y el júbilo de la afición mexicana.

De vuelta a los paralelismos, aprecio una situación muy similar con los prolegómenos de la gestión en todos los órdenes de gobierno, que parecen no terminar cuando es preciso ya pasar a los capítulos sustanciales; es decir, urge que las diferentes instancias de gobierno, desde el Ejecutivo hasta los funcionarios más operativos –pasando, claro, por todos los distintos niveles de la jerarquía–comiencen a dar resultados, pues ya estamos muy avanzados en este segundo año del sexenio. Resultados, digo yo, que no sólo se reflejen en la macroeconomía sino también en el bienestar cotidiano y tangible de la población, de la ciudadanía misma, de cada mujer, hombre, niño, joven o adulto mayor.

Para rematar, diría que no podemos quedarnos en la medianía (por no decir en la mediocridad), ya sea instalados en la comodidad del empate –si se tratara de resultados futbolísticos– o en la promesa de estadísticas menguadas e incumplidas. Tampoco queremos que los directores técnicos de las selecciones nacionales nos prometan goles y triunfos para después de la derrota argumentar que "faltó contundencia" o que "las condiciones no eran adecuadas". De la misma manera, no deseamos que los más altos funcionarios federales nos prometan un crecimiento económico de 3.5% que después se vaya reduciendo mes con mes para que al final de cuentas quede en un triste, desencantador y muy preocupante 1%, como ocurrió el año pasado.

Debemos, pues, dar ese salto cualitativo tan urgente, sobre todo en materia económica, a través de alcanzar índices igualmente alentadores en el rubro de salud, educación, vivienda y empleo.

Y bueno, si tales resultados se reflejan en triunfos en las justas deportivas internacionales, tanto mejor. Seguramente eso alegraría a una gran cantidad de compatriotas. Pero lo primero, lo más relevante, la gran prioridad, es el bienestar de las y los mexicanos.

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