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Gracias, don Héctor

MI PUNTO DE VISTA

Hablar de don Héctor Avendaño León es hacer referencia de todo un personaje del ciclismo, de una enciclopedia de esta disciplina, de un hombre que trabajó y luchó por este deporte que le ha inculcado a dos generaciones, pero lo más importante, de un excelente ser humano.

Su familia, toda ella extraordinaria, por cierto, tuvo la visión y el gran acierto de perpetuar su nombre con una clásica ciclista hace doce años, y que hasta la fecha se mantiene tan sólida como interesante e importante. Dejarla morir sería una ofensa y un sacrilegio. Por eso su esposa, hijos y nietos trabajan y se esmeran con un alto sentido de responsabilidad, para que no suceda lo mismo que muchas otras que ahora pertenecen al pasado.

Tocando puertas aquí y allá, recurriendo a los amigos y una que otra vez a las autoridades municipales, la Clásica Héctor Avendaño se rodará por décima segunda ocasión este fin de semana, más renovada, más fresca y con el mismo objetivo: reunir a la familia ciclista del estado y sus alrededores para un día tan especial en la vida de este personaje.

Pero a don Héctor no solamente le satisface el hecho de que esta competencia tenga continuidad. Casi desde su nacimiento estableció compartir créditos de su carrera con amigos y sobre todo con aquellos que siempre le han tendido la mano para fortalecer, además de su clásica, el ciclismo en general.

Don Héctor decidió que bautizar la carrera en cada edición representa una forma de manifestarles su agradecimiento a los amigos.

Distinción. Para la competencia de este sábado y domingo, don Héctor me ha concedido ese inmerecido honor, el cual agradezco de antemano a nombre mío y de toda mi familia. La clásica llevará mi nombre, cosa que me llena de orgullo y satisfacción, aunque nunca imaginé, pensé y esperé que tuviera ese detalle hacia mi persona, cuando existen elementos con más y verdaderos méritos.

Conocí al señor Avendaño en la década de los setenta, y me consta que su labor en las trincheras de un deporte de ricos que practican los pobres, siempre fue y sigue siendo excepcional.

Don Héctor fue para mí un extraordinario apoyo en esa época en la que llegué a EL DEBATE (1975) con poco o nada de conocimiento sobre el ciclismo. Desde entonces hubo una comunión de amistad que con el tiempo creció, convirtiéndose para un servidor y la empresa en elemento indispensable para las tareas de organización de las clásicas con las que conmemorábamos el aniversario de los cinco diarios de la cadena más importante del noroeste del país.

Avendaño fue además un aliado e incondicional para el resurgimiento de la Vuelta a Sinaloa en 1991, paquete que EL DEBATE se echó a cuestas para conmemorar el 50 aniversario del hermano mayor de Los Mochis, y cuya responsabilidad de organización recayó en un servidor.

Hicimos de aquel evento una competencia que hizo y dejó historia, como por ejemplo, que hasta la fecha ningún otro giro en México ha reunido a más de 250 ciclistas, y tiempo después, convertirla durante dos años consecutivos (2001 y 2002) en la vuelta más importante de todo México, reconocida así por la Federación Mexicana de Ciclismo.

De esos éxitos, gran parte le pertenecen al señor Avendaño.

De nuevo, gracias, muchas gracias por esta distinción.

Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo ÉL sabe si podré hacerlo de nuevo.