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Grandes esperanzas y malas vibras

"Termina la economía mexicana con debilidad en 2013". En promedio, consigna El Economista basado en la información del Inegi, el PIB apenas creció 1.1%, pero en el último trimestre lo hizo por debajo de esa magra cifra: 0.7%. Las variaciones anotadas son menores a las observadas desde la recesión de 2009 y "si se descuenta esta época de recesión, son inferiores a las de hace una década" (El Economista, 24/02/14, p 8).

La mata de las reformas "que tanto necesitamos", tan apresuradamente sembrada a fines de 2013, no sólo no conmueve a los "espíritus animales" sino que las proyecciones recientes dan al traste con las esperanzas que animaran a los denodados reformistas. El cambio de paradigma ofrecido por los escribas del Senado no aparece por ningún lado, lo que resalta lo ridículo y bochornoso de la promesa.

Por su parte, aquel misterioso caso de la Secretaría de Hacienda del que diera cuenta don José Alvarado vuelve por sus fueros, ahora como un gasto público que ni toma forma ni despega. Y esto, casi al final del primer trimestre.

El analista Jonathan Heath nos hace el servicio de registrar los resultados de algunas de las primeras proyecciones y después de preguntarse qué tanto vamos a crecer con las reformas dice: "Si examinamos las proyecciones de crecimiento económico de todas las encuestas de expectativas la respuesta es contundente: no mucho". Según Hacienda, nos informa Heath, el promedio de crecimiento "inercial", es decir, sin reformas, sería de 3.6% en los siguientes seis años: 3.5% en 2014; 3.8% en 2015; "para después disminuir un decimal cada año hasta llegar a 3.5% en 2018 y 2019".

Pues bien, para el FMI, lo que nos espera es un crecimiento de 3.0 y 3.5 % respectivamente en 2014 y 2015, por debajo de la trayectoria inercial calculada por la SHCP. Para Banamex, el avance sería de 3.4 y 3.9% respectivamente, "igual al promedio inercial para estos dos años. Al final de cuentas, todas las encuestas señalan lo mismo."

Para el Banco de México, el desempeño esperado es similar aunque advierte que no incluye el efecto de las reformas. Nuestro informante pregunta por qué , puesto que ya se aprobaron y no se puede suponer que no van a existir y nos cuenta: "Ante la pregunta directa, me respondieron que no saben cómo estimar sus efectos, que son muy inciertos e intangibles. Al final de cuentas, parecer ser que nadie realmente sabe si vamos a crecer más o no gracias a las reformas" ("El impacto de las reformas", Reforma, 19/02/14, Negocios, p., 4)

Malas vibras para cerrar febrero, que se tornan nubes negras si pensamos en las implicaciones inmediatas y a mayor plazo del pacto fiscal ofrecido por el gobierno: "no habrá aumentos de tasas ni nuevos impuestos" dijo el presidente, a manera de prenda de buen comportamiento para un empresariado que no entiende otra política económica que la pasividad fiscal y la inhibición de toda acción estatal que afecte o insinúe afectar sus nano intereses.

Las falanges de Claudio pueden cantar otra gloriosa victoria, pero tendrán que llorarla pronto como triunfo pírrico porque por ahí no puede marchar ni su mezquino capitalismo. Cómo va a cruzar el gobierno este Mar Rojo es un enigma, a menos que sus mandarines posean alguna ciencia infusa o cuenten con un tesorito escondido.

Su extraño apego a las peores consejas de la perorata convencional implica hoy, tras cinco años de crisis, vocación por el atraso histórico, cultural, político, respecto de lo que se piensa e intenta poner en acto en buena parte del resto del mundo. De Beijing a Washington, pasando por Seúl o Brasilia. Como muestra, un ejemplo. Este jueves, la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, propone para la Agenda Post 15 un "pacto global" para el desarrollo sostenible basado en derechos y con la igualdad como meta última y principio ético. Continuación congruente con la tradición y el discurso actual de la venerable agencia fundada por Prebisch.

Pero ahora, nuestra paisana no clama en el desierto. La agencia Reuters informa que "expertos del FMI abogaron por la redistribución de la riqueza y la lucha contra la desigualdad (que) puede llevar a un crecimiento más lento o menos sostenible, mientras que una distribución del ingreso, si es moderada, no es negativa e incluso puede ayudar a la economía (…) las desigualdades no deberían ser desdeñadas por los gobiernos ya que amputan el crecimiento (…) y alimentan la inestabilidad política y económica".

En consecuencia, apunta Reuters, "estos expertos no dudan en contradecir a ciertos economistas liberales que afirman que la redistribución por medio de impuestos y transferencias desalientan la iniciativa privada y resultan nocivos para la actividad económica (…) Hemos encontrado escasas señales de que los esfuerzos de redistribución tradicionales tengan un impacto negativo sobre el crecimiento" (La Jornada, 27/02/14, p., 32).

El mensaje debería ser claro: hacer política económica para el bienestar y el empleo; entender que sin gasto público adecuado y oportuno y con salarios imaginarios, no podrá haber crecimiento sostenido ni ganas de arriesgar en el llano empresarial. Las así llamadas políticas públicas han sido privatizadas y la política económica, secuestrada. Por ahí no vamos a ningún lado. Bueno…

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