Opinión

Grupos porriles en la UNAM

Por: Martha Chapa

A Nadie debe sorprender la existencia de grupos porriles en la UNAM, pues tienen ya un largo pasado de operar y hostigar al estudiantado.

Sabemos que desde los años cuarentas empezaron a conformarse más visiblemente y que por décadas fueron apareciendo bajo diversas denominaciones, según la generación de qué se tratara.

Ahora, de nueva cuenta surgieron grupos lo mismo bajo el nombre del “32”, que “3 de marzo” o “Federación de Estudiantes de Naucalpan”, 

Pero lo realmente importante es saber por qué prevalecen y quién o quiénes los alientan, como ocurrió recientemente con una protesta pacífica de estudiantes del CCH Azcapotzalco que fueron salvajemente agredidos.

Todo parece indicar que en diversas gestiones de los rectores anteriores fueron tolerados o practicaron el disimulo y peor aún complicidades, en mayor o menor grado tan nociva influencia, mientras sus acciones no llegaran al nivel del escándalo o de la indignación generalizada dentro y fuera de nuestra máxima casa de estudios.

Ya en esta ocasión, el rector Enrique Graue ha tomado medidas inmediatas que si bien son plausibles necesita ir más a fondo y desmantelar o diezmar por lo pronto las bandas que operan dentro y fuera de la propia universidad. Hay 18 expulsados, aunque liberaron ya los de ellos por falta de pruebas, lo que ocasionó una reacción de protesta de las propias autoridades universitarias. 

A momentos se ha invocado, tanto en el pasado como hoy también ,que la autonomía es un concepto que pudiera estorbar para liquidar tales grupúsculos delincuenciales que golpean, roban y amenazan a los estudiantes Cierto es que la autonomía representa un gran valor que distingue a la universidad y debe siempre imponerse ante cualquier tentación de políticos para intervenir en sus planes y desarrollo, pero no así como una limitante para seguir permitiendo encubrimientos de delincuentes que se infiltran y truculentamente se escudan en la autonomía para conseguir impunidad y continuar con sus actividades ilícitas. Puede y debe entonces, en casos de excepción, intervenir la policía.

Se presenta pues una oportunidad excepcional para ir a más y desterrar tales     grupos sin pruritos ni desviaciones en la vida institucional. e investigar más y evidenciar, y en su caso hasta denunciar a quienes también intervienen con intereses meramente políticos y facciosos como los que suelen aparecer en coyunturas de cambio de sexenio o ante la proximidad de la elección o reelección del rector en turno.

La UNAM es la gran institución de México que debemos todos cuidar y beneficiar para que continúe con la trascendente misión, como lo hizo desde los días de su fundación, preparando generación tras generación a hombres y mujeres en los más diversos campos de la ciencia y las humanidades, para que garanticen el desarrollo y el bienestar de la nación.

No permitamos ninguna división o agresión, sea desde dentro o externamente a nuestra universidad, y respaldemos plenamente al rector y a las autoridades actuales para que se mantenga el clima de armonía, paz y continuidad de los estudios, la investigación y la divulgación, que es realmente lo que más necesita nuestro México.

¡Fuera porros, sean autores materiales o intelectuales, pero ya!