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Opinión

Consejos para sobrevivir en un Gobierno

POLIARQUÍA

Por Guadalupe Robles

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1. La política, como la vida, es injusta. Seguro usted se la jugó completo en la campaña. Trabajó hasta el cansancio y le metió de su bolsa. Se ilusionó. Su familia y sus amigos lo veían en un puesto de primer nivel, pero no. Ya formado el Gobierno, le tocó un cargo menor a sus expectativas. Y luego otros que ni se despeinaron, corrieron con mejor suerte. Siempre sucede. Que le sirva de experiencia. Y acéptelo: así es la política.

2. Sepa en qué se metió al aceptar un cargo. El Gobierno no es para espíritus frágiles. Es una aventura apasionante pero llena de sinsabores. De intrigas y desavenencias. Nada que no haya en la vida diaria. Pero el Gobierno es una guerra de oficina. Mantenga la piel dura: lo necesitará. No se queje. Que no lo vean vulnerable.

3. Nunca se crea el favorito. En los gabinetes siempre hay un consentido. Al menos en la percepción. No actúe como tal. Es muy seductora esa idea y muchos caen en la trampa. Evite que digan que usted es el poder tras el trono. Es la frase que más gusta a los enemigos, pues saben de lo frágil que es la vanidad de cualquier jefe. Sálgase de esa zona. En verdad no le conviene. Ningún poderoso quiere sombras. Los consentidos o quienes creen serlo, duran poco en el Gobierno. Generan enemigos que le acechan y le atacan sin piedad. Silenciosamente.

4. No juegue solo. Tenga aliados. Las intrigas en el gabinete es la esencia del Gobierno. Cuídese de los amigos, pues suelen ser los mejores enemigos en política. El poder tiene muchas caras. Elija muy bien sus batallas. Nunca se pelee con el secretario particular, el encargado de finanzas y el chofer del jefe.

5. Analice muy bien el estilo de quien tiene el poder. Es una de las primeras reglas para sobrevivir. Vea de donde viene, qué no le gusta, cuál es el halago que lo vulnera. Si no le gusta leer, mejor ni mencione libros. Si no es deportista, nunca presuma que usted lo es.

6. No hable de más. Sea cauto con sus expresiones. La palabra en exceso vulnera. Modere sus alabanzas. Recuerde que su jefe seguramente es vanidoso y le gusta la lisonja, pero no es ingenuo. Hasta los halagos deben tener estilo. Tampoco se quede callado. Causa desconfianza.

7. No luzca ni destaque más que su jefe. Los hombres con poder no toleran la competencia de los subalternos. El poder no quita la inseguridad. En ocasiones la agranda.

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