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Opinión

Infraestructura para fibras de cáñamo

Por Guillermo Nieto

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A lo largo de los miles de años que tiene la humanidad de cultivar cannabis, se le han dado más de 25 mil usos a las flores, tallos, hojas y raíces de esta planta. Ya sea como alimento, combustible e incluso como materia prima para textiles y papel, el cáñamo era aprovechado para todo tipo de productos. Era tan extendido el uso de telas y papel provenientes de la fibra de cáñamo que incluso el acta de independencia de los Estados Unidos fue escrita en papel hecho con esta planta, pero a principios del siglo XX vino la prohibición.

Durante más de 80 años, la siembra de cannabis estuvo prohibida y, por lo tanto, cualquier aprovechamiento de la planta se detuvo, lo que llevó a que los centros de producción donde se transformaba el cáñamo quebraran o cambiaran su maquinaria para aprovechar otros materiales. Ahora, con la legalización del cannabis en varios países del mundo, el aprovechamiento industrial del cáñamo resurgió, pero no existe la infraestructura para aprovechar al 100 % este cultivo.

El nuevo bum de producción del cáñamo se ha dado principalmente por la demanda de cannabinoides, es decir, las sustancias que se encuentran en las flores de estas plantas y que tienen beneficios medicinales, como el CBD, pero cada forma de explotación de la planta requiere de características especiales.

Por ejemplo, si lo que se quiere obtener son cannabinoides, se buscará cáñamo que crezca como arbusto y dé muchas flores, aunque no crezcan mucho sus tallos; en cambio, para obtener fibras y semillas, se buscan tallos largos que tienen pocas infloraciones. Sería muy complicado obtener todo de una misma planta, pues los tiempos de maduración son distintos para los tallos, semillas y flores. El proceso de cosecha para todas las variedades es el mismo y se puede hacer con maquinaria ya existente.

Algunos materiales, como el hemp-crete, concreto hecho a base de cáñamo, solo requieren moler la biomasa hasta cierto tamaño, pero para obtener papel o telas, hay que refinar las fibras. Uno de los principales retos para aprovechar la fibra de cáñamo es la decorticación, que consiste en separar mecánicamente los tallos y la estopa (el núcleo de los tallos). Este es el primer paso para la transformación, pero no existen las instalaciones necesarias para decorticar suficiente cáñamo como para tener un suministro constante, por lo que los agricultores escogen cultivar plantas para extracción de cannabinoides.

Esta situación llevó al mercado del cannabis a un problema tipo “el huevo y la gallina” durante sus primeros años en países como Estados Unidos, donde no existen suficientes agricultores que siembren cáñamo para fibra porque no hay suficiente demanda de fábricas que usen este material, los fabricantes de telas y papel no cambian al cáñamo, pues no encuentran el suministro de materia prima necesario para una producción constante.

Gracias a la demanda de materias primas más amigables con el medio ambiente por parte de grandes compañías, como BMW, Levi’s y Patagonia, entre otros, cada día surgen nuevas empresas dedicadas al manejo de las fibras de cáñamo, por lo que se proyecta que el mercado de las telas, papeles, bioplásticos y otros materiales fabricados a partir de cannabis crecerá, aunque a un ritmo más lento que el aprovechamiento de cannabinoides.

Hasta 2020, la mayor parte de las tierras dedicadas al cáñamo son aprovechadas para la extracción de cannabinoides, pero con la caída de precios del CBD, cada vez más agricultores estadounidenses apuestan por la fibra. Por ejemplo, en Carolina del Norte 446 de los mil 483 cultivadores de cáñamo solicitaron licencia para producir plantas para fibra, es decir, el 30 %; en Kentucky 159 de 960 agricultores producirán fibra y semillas; mientras en Montana, el 85 % del territorio de siembra está destinado a variedades para aprovechar fibra y grano. 

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