Opinión

La planeación agrícola, instrumento para el ordenamiento de los mercados

CAADES

Por  Gustavo Rojo Plascencia

En Sinaloa, a finales de septiembre de cada año, en un ejercicio de planeación y ordenamiento de los mercados agrícolas, se reúnen los integrantes del Consejo Estatal para el Desarrollo Rural Sustentable, con el objetivo de autorizar la planeación de cultivos para el siguiente ciclo agrícola, en este caso, el otoño-invierno 2020-2021.
Según la Ley de Desarrollo Rural Sustentable del Estado de Sinaloa, el consejo estatal es presidido por el gobernador y en su caso, por el secretario de Agricultura y Ganadería, y está integrado por funcionarios federales, estatales y municipales, así como los representantes de las organizaciones agrícolas del sector social y privado, módulos de riego, productores, organizaciones estatales agroindustriales de comercialización, las ramas de producción agropecuaria, los distritos de desarrollo rural, las instituciones de educación e investigación y organismos no gubernamentales.

Dicha planeación de cultivos se realiza principalmente con base a la cantidad de agua disponible en las presas, para ello, previamente, los distritos de riego estiman la superficie a sembrar de cada cultivo, de acuerdo a los volúmenes de agua que les asigna la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

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Las otras tres variables de la planeación agrícola son el potencial productivo, el comportamiento de los mercados y los subsidios gubernamentales.

En el caso de los mercados, lo que toman en cuenta los productores son los resultados del ciclo anterior y la expectativa de siembra y precios del siguiente ciclo.

Por ejemplo, este año se sembraron 56 mil hectáreas de frijol, lo que es una superficie moderada, por lo que los precios fueron aceptables y se mantuvieron alrededor de 20 mil pesos por tonelada, pero este mismo precio incentivará una mayor superficie para el siguiente ciclo.

En caso contrario, y siguiendo con el cultivo del frijol, en el 2010 y el 2014 se sembraron 146 mil hectáreas y 122 mil hectáreas, respectivamente, una superficie superior a lo que demanda el mercado, por lo que los precios se derrumbaron y para el siguiente año, la superficie bajó a la mitad.

Para el caso de esta leguminosa, los expertos en mercados están recomendando para este ciclo que no se siembren más de 65 mil hectáreas.

En el caso particular de las hortalizas, al ser un cultivo de exportación, la superficie de siembra se determina básicamente por las expectativas que cada empresa tiene sobre el mercado de Estados Unidos y tomando en cuenta las posibles amenazas, como el tema de estacionalidad en el caso del chile bell pepper y las blueberries. La superficie sembrada de hortalizas puede fluctuar entre las 40 y 50 mil hectáreas por ciclo.
El año pasado, debido a la baja disponibilidad de agua en las presas, los integrantes del Consejo Estatal de Desarrollo Rural Sustentable aprobaron reducir los cultivos con alta demanda de agua, como el maíz, por lo que la superficie autorizada considerando rescate de agua fue de 458 mil hectáreas, pero finalmente gracias a la recuperación de las presas a finales de septiembre y en octubre se sembraron 516 mil hectáreas, es decir, 58 mil hectáreas más de lo aprobado a pesar de que al momento de su planeación no se contaba con un esquema de apoyos de Sader definido.

Mientras que de maíz amarillo se aprobaron 30 mil hectáreas y se sembraron sólo 8 mil 700 hectáreas, un 71 por ciento menos. De garbanzo se aprobaron 5 mil hectáreas y se sembraron 15 mil 200 hectáreas, un 204 por ciento arriba.

Como se observa, hay una diferencia entre la planeación de cultivos aprobada y la que realmente se siembra, y esto se debe a que es una planeación inductiva, es decir, que no hay ningún mecanismo formal que garantice que se siembre la superficie acordada para cada cultivo, lo que no permite ordenar en su totalidad el mercado de los granos, porque cada productor es libre de sembrar el cultivo de su elección tomando en cuenta las asignaciones de agua a su módulo por el distrito correspondiente.

Para el próximo ciclo agrícola otoño-invierno 2020-2021 se tienen disponibles en las presas de Sinaloa 8 mil 588 millones de metros cúbicos de agua, lo que representa el 56.5 por ciento de la capacidad de almacenamiento, sin embargo, la precipitación acumulada al mes de septiembre es de 400.8 mm, en comparación con el registro acumulado del 30 de septiembre del año pasado, que era de 507.2 mm, lo cual nos arroja un déficit del 20 por ciento para este año. 

En conclusión, van a ser muy importantes las captaciones de lo que resta de septiembre y el mes de octubre para ver si vamos a tener que restringir cultivos de alta demanda de agua, como el maíz, en determinados distritos de riego del estado y, por otra parte, debemos estar atentos al desarrollo de los mercados internacionales de los granos básicos y el comportamiento de las variables económicas, como el tipo de cambio, para tener una mejor idea del posible comportamiento de los precios del mercado.

 

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