Opinión

Precisiones en torno al decreto del uso del glifosato y transgénicos en México

CAADES

Por  Gustavo Rojo Plascencia

Desde hace algunos meses y hasta la fecha, el Gobierno federal a través de la Semarnat, ha detenido los permisos de importación para el uso del herbicida conocido como glifosato que es ampliamente usado en la agricultura comercial en México y el mundo, con base a un criterio precautorio de posibles impactos a la salud y el medio ambiente que no han sido demostrados científicamente. Esta situación ha provocado una gran polémica con posiciones encontradas no solo en las organizaciones de productores y el Consejo Nacional Agropecuario, sino también dentro de las dependencias del Gobierno federal por las implicaciones económicas que esto podría tener.

Lo anterior forma parte de la Agenda de Transiciones Ambientales de Semarnat, donde en el eje número uno correspondiente a la transición forestal, agroecológica y pesquera, proponen eliminar el uso de agroquímicos en el campo: silvicultura, agricultura, ganadería y pesca ecológicamente responsables; donde también se enfatiza en los alimentos sanos, inocuos, no transgénicos y sin residuos tóxicos.

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Esto derivó en la publicación, el pasado 31 de diciembre del 2020, del decreto por el que se establecen las acciones que deberán realizar las dependencias y entidades que integran la Administración Pública federal para sustituir gradualmente el uso, adquisición, distribución, promoción e importación de la sustancia química denominada glifosato y de los agroquímicos que lo contienen como ingrediente activo.

En el Artículo Segundo de este decreto, claramente se especifica que las dependencias federales no podrán utilizar este agroquímico en sus operaciones, pero será permitido su uso para la agricultura comercial y privada hasta el 31 de enero de 2024.

En el Artículo Tercero del decreto se señala por una parte líneas de acción para disminuir el posible impacto de la sustitución gradual del uso e importación de glifosato en la agricultura comercial, la Sader y Semarnat implementarán para ello alternativas sostenibles ya sea con otros agroquímicos de baja toxicidad, con productos biológicos u orgánicos, o con el uso intensivo de mano de obra.

Por otra parte se señala al Conacyt como la instancia federal responsable de coordinar las investigaciones que serán validadas e implementadas por las dependencias anteriormente descritas.

Lo anterior denota que a la fecha, como lo han declarado algunas dependencias federales como el Inifap, no existen alternativas probadas que puedan sustituir de inmediato este agroquímico, por lo que claramente se ve que muchas de las líneas de acción expuestas están hechas desde el escritorio, prueba de ello es la sugerencia del uso intensivo de la mano de obra para controlar hierbas y arbustos en los cultivos, lo que significaría retroceder cinco décadas tecnológicamente hablando, ya que provocaría un aumento en los costos de producción en forma desproporcionada.

En el artículo seis se señala que, como medida de protección al maíz nativo, la milpa, la riqueza biocultural y la salud, las autoridades revocarán y se abstendrán de otorgar permisos para la siembra de transgénicos, situación que no afecta a los sectores productivos, ya que en México no hay producción de maíces genéticamente modificados, lo que se siembra son maíces híbridos que es muy diferente. Nuestro país es autosuficiente en la producción de maíz blanco para consumo humano, pero importamos de Estados Unidos 17 millones de toneladas de maíz amarillo que van al consumo pecuario e industrial y marginalmente un millón de toneladas de maíz blanco para consumo humano donde en ambos casos la mayor parte es transgénico.

En el segundo párrafo del Artículo Sexto claramente se expresa que el consumo de los maíces transgénicos en la alimentación de los mexicanos se permitirá hasta sustituirlo totalmente el 31 de enero del 2024 al igual que el glifosato, por lo que el consumo de maíces transgénicos para uso pecuario será permitido, como así lo precisó en entrevista reciente el secretario de Agricultura, Víctor Villalobos.

Esto implica que se dejará de importar de Estados Unidos un millón de toneladas de maíces blancos transgénicos y que van para consumo humano, pero como se mencionó, se seguirá importando el maíz amarillo para consumo animal, que parece una contradicción ya que a final de cuentas indirectamente va al consumo humano.

Por nuestra parte, como organismo estatal de productores, estamos abiertos y con la mejor disposición de colaboración para que realmente se generen alternativas de sustitución del glifosato pero que sean sostenibles y que no impliquen reducciones en la producción o aumentos en los costos. 

Para ello, proponemos que al ser Sinaloa el principal productor de maíz de agricultura comercial en México, ponemos a disposición nuestros centros experimentales y los técnicos de las asociaciones de agricultores y de la Fundación Produce Sinaloa y sugerimos los del Inifap para que se lleven a cabo las validaciones de las alternativas propuestas por el Conacyt y demás dependencias federales con el propósito de estar seguros de que son sustitutos probados y viables, además de que se demuestre científicamente en campo los impactos negativos a la salud y el medio ambiente que se asumen en la Agenda de Transiciones Ambientales.

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