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¿Ha regresado el gen autoritario priista?

JUEGOS DE PODER

A lo largo de este sexenio, he escuchado varias quejas por un supuesto regreso de prácticas autoritarias con el retorno del PRI al poder. Todo tipo de historias de amedrentamiento de parte del gobierno: censura mediática, utilización de auditorías fiscales, amenazas de juicios penales y, en general, el abuso de la fuerza del Estado. Son anécdotas personales. La semana pasada, sin embargo, observamos un caso real, no anecdótico, de lo que parece ser el retorno del garrote como política gubernamental. Habría regresado el gen autoritario priista en Zamora, Michoacán, con la persecución abusiva de una anciana de más de ochenta años de edad que, según testimonios de gente respetable que la conoce, lo único que ha hecho en su vida es ayudar a indigentes.

Un gobierno comprometido con los valores de una democracia-liberal no puede ni debe ordenar la intervención desproporcional de la fuerza pública en una casa-hogar como La Gran Familia dirigida por la octogenaria Rosa Verduzco. Según el escritor francés J.M.G. Le Clezio, Premio Nobel de Literatura, quien vivió en Zamora y conoce a la llamada "Mamá Rosa", esta mujer raya en la santidad:

"Todo en ella es leyenda. La Gran Familia no nació de un capricho. Es una revancha sobre la vida. Una adolescente de buena familia, heredera de un rancho, dice la leyenda, se enamoró de un muchacho, mediero nomás, en la granja paterna. Cuando sus padres le prohibieron vivir su amor, Rosa les declaró: 'No me casaré nunca, pero tendré hijos.' Cumplió lo dicho: sus hijos son los niños abandonados, niños y niñas de Zamora, luego de toda la región, a los cuales ella dio el apellido prestigioso de los Verduzco. Pronto pudo adoptar niños a los cuatro vientos del país, los que sacaba de la cárcel, a los cuales, además de su apellido, daba un techo, una educación, un porvenir, es decir todo lo que ni ellos ni ella tenían: una familia".

Dice bien el historiador Enrique Krauze que Rosa Verduzco sustituyó al Estado, quien "fue omiso en su responsabilidad de asistencia, allí donde la Iglesia ya no podía o quería acudir en auxilio de los huérfanos, los expósitos, incluso los delincuentes y descarriados, Rosa los acogía, les daba en muchos casos su apellido y, en todos, una educación, unos oficios, una disciplina, un sentido de pertenencia, el calor de un nosotros". Pero después ese Estado, en lugar de cargarla de premios, cargó en contra de ella. La gran pregunta es por qué. ¿Acaso regresó el gen autoritario priista?

¿Qué explica la desproporción de la acción gubernamental? Así la relata otro gran historiador, Jean Meyer: "un mega operativo a la altura de los más grandes capi maffiosi, un operativo digno del Chapo Guzmán o de La Tuta. Policía federal y Ejército fueron empleados en Zamora, Michoacán el martes 15 de julio, no contra la inalcanzable Tuta, sino contra una mujer de casi 80 años, con 68 años en la raya, en su combate por los niños. ¿A poco iba a recibir a 'los de la Ley' con tiros de morteros o misiles? Parece que sí. ¿Era una amenaza para el Estado nacional? Parece que sí, puesto que en seguida el titular de la Procuraduría General de la República, acompañado por el gobernador interino de Michoacán que así espera pasar a la historia, la cubrió de oprobio con el apoyo de casi todos los medios de comunicación. Dieron línea y, como debe ser, los seguidores siguieron".

Efectivamente: al abuso del Estado se sumaron varios medios que se encargaron de "asesinar" al personaje de "Mamá Rosa". En pocas horas aniquilaron el prestigio de una mujer encomiable para convertirla en lacra social. Krauze dice que los medios cometieron la falta de "no respetar la presunción de inocencia." Se queda corto, me parece, el historiador: a Verduzco, con la información que les proveyó el gobierno, los medios no sólo la juzgaron culpable sino que procedieron a quemarla en la hoguera pública.

Ahora, cuando es evidente que cometieron un error, ante el alud de críticas recibidas, frente al ridículo que hicieron, las autoridades no sólo han liberado a "Mamá Rosa" sino que pretenden "enterrar" al asunto en los medios. Después del alud noticioso que promovieron, proceden a bajarle el perfil al caso. De la estridencia irresponsable al silencio grosero. Los medios no deben hacerlo. Porque, por un lado, Rosa Verduzco se merece una rectificación y, por el otro, el gobierno de Peña tiene que explicar por qué realizó un operativo que nos recordó al peor PRI autoritario del pasado.

Twitter: @leozuckermann