Opinión

Hace un año

Por: Marisa Pineda

Usted disculpará que en esta ocasión emplearé este espacio para algo muy personal. Hace un año, el lunes 15 de mayo del 2017, asesinaron a un amigo mío. Nos conocimos en épocas de la secundaria, era hermano de un compañero de clase, desde ahí nos hicimos cuates y después amigos. En su andar fue músico, candidato, y a la hora de elegir una profesión se inclinó por el periodismo, andar en el cual se volvió sólida la amistad. Lo vi crecer personal y profesionalmente, como novio, esposo y padre y como el periodista en cuyo nombre hoy se erigen homenajes, becas y cátedras. A él debo el apodo que más me gusta, aunque ya no esté para decírmelo. A un año de distancia, el anhelo de justicia sigue vivo, que los culpables materiales e intelectuales reciban su condena y no se escabullan por ningún resquicio legal, y que nosotros no olvidemos las palabras de Javier, esas que a continuación se reproducen, esas que no lograron silenciar las balas:
“Buenas noches. Muchas gracias al Comité para la Protección de Periodistas por esta distinción, que para mí no tiene parangón. He alimentado mi alma enjuta con las expresiones en la calle, abrazos y apretones de mano, y palabras en las que me he guarecido. Este premio es la suma añejada y nutritiva de todos esos abrazos. Cuando Carlos Lauría me lo anunció pensé que era una broma cruel y ahora no quiero que me despierten. He sido periodista estos 21 años y nunca antes lo he sufrido y gozado con tanta intensidad ni con tantos peligros, un piso filoso y lleno de explosivos, esto se vive en casi todo el país. Uno debe cuidarse de todo y de todos y no parece haber opciones ni salvación y muchas veces no hay a quien acudir.

Por eso es importante contar con familia y amigos periodistas y medios como La Jornada, diario del que soy corresponsal y el semanario Ríodoce del que soy fundador.

En mis libros Miss Narco y Los morros del narco de editorial Aguilar he contado la tragedia que vive México y que debe avergonzarnos. La niñez recordará esto como un tiempo de guerra; tiene su ADN tatuado de balas y fusiles y sangre y esta es una forma de asesinar el mañana. Somos homicidas de nuestro propio futuro.

Esta es una guerra, sí, pero por el control del narco. Pero nosotros lo ciudadanos, ponemos los muertos y los gobiernos de México y Estados Unidos las armas; y ellos, los encumbrados invisibles y agazapados dentro y fuera de los gobiernos, se llevan las ganancias.

Dedico este premio a los periodistas valientes, a niños y jóvenes que viven una muerte lenta, he preferido darle rostro y nombre a las víctimas, retratar este panorama triste y desolador, estos pasos agigantados de tomar atajos hacia el Apocalipsis, en lugar de contar los muertos y reducirlos a números. Este premio es como un faro de luz del otro lado de la tormenta un puerto seguro más allá de la tempestad. En Ríodoce hemos experimentado una soledad macabra porque nada de lo que publicamos tiene ecos ni seguimiento y esa desolación nos hace más vulnerables. Y a pesar de esto, con ustedes, con este premio, puedo decir que tengo donde guarecerme y sentirme menos solo. Muchas gracias.” Gracias por leer estas letras y con ello dar vida al legado de Javier Valdez. Comentarios y etcétera por favor en adosdetres@hotmail.com En Twitter en @MarisaPineda Que tenga una semana en la que en ningún momento se sienta solo.