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Hacia el 2015

Con la aprobación de las leyes secundarias en materia electoral se inicia la cuenta regresiva para las elecciones de 2015. Es probable que en ellas se juegue el futuro próximo de nuestro sistema político si los comicios adquieren el rango de consulta plebiscitaria. Estará en juego el conjunto de las reformas y acciones de gobierno que han transformado la estructura constitucional y dan forma a una nueva relación entre Estado, economía y sociedad. Una confirmación en las urnas al rumbo que ha impreso el gobierno actual a los asuntos públicos podría dar por resultado una mayoría holgada del PRI en la Cámara de Diputados. Además, el electorado podría también pronunciarse sobre las condiciones a las que ha llegado la oposición, plena de divisiones internas frente a un partido de gobierno que está mostrando unidad y disciplina en torno al liderazgo presidencial.

Por su parte, la izquierda ha llegado a un punto en el que se han mostrado infructuosos todos los intentos por mantener la unidad. Lo que antes fue un PRD en crecimiento en varias regiones del país podría contraerse y mostrar la fatiga causada por la escisión de Morena y el desgaste de gobernar en la Ciudad de México y otras regiones. Podría, así, presenciarse la pulverización de su voto cuando al país le urge un partido de izquierda democrática, capaz de intervenir en la política madura y pragmáticamente, guiado por la prioridad de equidad y justicia social para la mayoría de la población y sacar de la pobreza a más de la mitad de la misma. La enfermedad infantil del sectarismo, que infecta a las "tribus" de la izquierda lo ha hecho imposible y quizá estemos más cerca que nunca de un tropezón al vacío. La elección de 2015 puede ser una prueba definitiva en este sentido.

Por el lado derecho habrá que ver cómo sale el PAN de su contienda interna y si el conflicto de poder en que está embebido se resuelve en unidad de acción o, por el contrario, continúa la pugna sorda por hacerse del mando en instancias diversas desde las cuales seguir disparando fuego "amigo" entre facciones. Lo peor es que en la contienda que se definirá el 18 de mayo se juega también una postura frente al poder y el gobierno. De ganar la actitud oposicionista a toda costa se corre el riesgo de adelgazar aún más los hilos que vinculan a ese partido con sectores del electorado. Al igual que la izquierda, el PAN carece de posicionamientos electorales en los que la densidad de sus bases sea palpable, y ello aunado a sus conflictos internos pueden llevar a su disminución electoral.

Ambas franjas de la oposición han mostrado una declinación electoral a lo largo del periodo de alternancia en el poder que se agudiza entre 2006 y 2012. El número de bastiones electorales (distritos en los que un partido gana repetidamente) del PRD y el PAN en este lapso de tiempo suman 49 en conjunto mientras que el PRI cuenta con 50. Tendencias correlativas se reflejan en estados y municipios. Entre las fechas mencionadas el PRI recuperó cuatro gobiernos estatales de manos de los otros partidos con las mayorías de sus respectivas legislaturas.

Es cierto que estos datos son del pasado inmediato y no se pueden proyectar sobre elecciones futuras. También lo es que la popularidad del Presidente ha ido a la baja. Por consiguiente el escenario descrito no puede ser tomado como profecía. Pero de cumplirse podríamos ver la vuelta a la hoja de la pluralidad política que fuerza a consensos amplios, y el advenimiento de mayorías originadas en las fuerzas con mayor capacidad para movilizar votos en sus bastiones y espacios de gobierno. Estaríamos ante la paradoja del encogimiento de las fuerzas que fueron capaces de inducir la transición democrática y el fortalecimiento de los resortes que pueden renovar el autoritarismo.