Opinión

Hallazgo

Por: Marcos Miranda Gil

Una noticia causó revuelo en la comunidad de Culiacán hace días… unos niños notificaron a sus padres de un fétido olor proveniente de una casa vecina. Al dar aviso a las autoridades se pudo constatar que dos mujeres, una de 56 y otra de 16, madre e hija respectivamente, habían convivido con el cadáver de la abuela de la segunda por más de un mes.

La señora referida, de 90 años de edad, había fallecido y no se le había dado cristiana sepultura por razones hasta hoy desconocidas; quizás la esquizofrenia paranoide diagnosticada a su hija, la actual quincuagenaria, fue un factor, pero que la adolescente lo haya consentido sigue siendo un misterio. Ese hecho fue calificado como locura, mas el evento invita a la reflexión.

El sufrimiento interno vivido por esas tres mujeres es digno de novela, pero tal vez lo que más sacude es esa tendencia tan humana de convivir con difuntos en el sentido figurado. Muchos seguimos dándole vida artificial a personas o situaciones que ya no están con nosotros por la costumbre tan nuestra de seguir arrastrando lo que ya pasó como un hecho real.

Ser capaces de hacer un lado todo lo que carece de vida, lo ya carcomido por el tiempo, para enfrentar o disfrutar lo presente, lo real, lo actual, es lo único que garantiza la posibilidad de decir estoy vivo. El patético caso de la señora incapaz de sepultar el cuerpo de su madre se encuadra en una enfermedad mental… ella permanece en el psiquiátrico… ¿y nosotros? Los que insistimos en vivir en el pasado. Ahí la dejo.