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¿Hasta dónde vamos a llegar?

POLITEIA

Desde 1987, con la presentación formal del Plan Estatal de Desarrollo que orientaría la gestión de Francisco Labastida, apareció el concepto "reforma del Estado", en el marco del cambio de paradigma en el mundo entero, y que consistía en hacer retroceder las fronteras estatales en prácticamente todas las áreas de la vida pública para dejarlo todo en manos del nuevo demiurgo: el mercado.

Desde entonces, en cada plan estatal, es inevitable la referencia al concepto, en el que cabe todo, aunque sus resultados en términos de cambio y modernización de la arquitectura institucional o del andamiaje jurídico, político y económico de la entidad, han sido bastante magros. Es cuestión de echar un vistazo a los documentos de los gobiernos de Renato Vega, Juan S. Millán y Jesús Aguilar, para advertir la distancia que media entre los propósitos y la realidad.

El núcleo de cualquier plan es saber por medio de qué estructura económica y de qué ritmo de crecimiento se va a alcanzar el nivel de desarrollo que se desea. Si no sabemos esto, no hay posibilidades de modificar un modelo que se ha caracterizado por su naturaleza concentradora y su carácter excluyente. En consecuencia, no atinamos tampoco a precisar las reformas o la gran reforma institucional que exige Sinaloa para ser un territorio ganador o dejar de ser un territorio estancado o potencialmente perdedor.

El gobierno de Mario López Valdez también se ha propuesto una reforma del Estado, según los postulados contenidos en el PED 2011-2016. Una vez alcanzado el ecuador de su gestión ha lanzado la iniciativa reformista a los agentes económicos, políticos, sociales, productivos y culturales, en el propósito de abatir los rezagos que impiden a la entidad, asegurar un crecimiento sostenido, garantizar y dar certidumbre a los intercambios entre los agentes productivos, y establecer nuevas reglas del juego en la competencia por el poder político.

En el acto de instalación de la mesa "Compromisos por Sinaloa", Malova (se) preguntó: ¿Hasta dónde vamos a llegar? Él mismo adelantó una respuesta: hasta donde ustedes quieran. Así, se abren expectativas de cambio que corresponde a los partidos, al conjunto de entidades de la sociedad civil y, por supuesto, al propio poder Legislativo, canalizar para construir los consensos amplios y plurales que demanda Sinaloa para enfrentar los retos y desafíos en los años venideros.

Por supuesto que se requieren reformas profundas, no parches o remiendos a la normatividad, como ha ocurrido no pocas veces sólo para atender coyunturas. Ello exige de nuestros actores políticos una visión de Estado, un horizonte amplio de visibilidad. Como he escrito en otras ocasiones: volar alto y mirar lejos; pensar nuestra realidad en términos de épocas y de continentes.

Podemos hacerlo. Es, en efecto, una oportunidad histórica para cumplirle a Sinaloa, y entender, como señaló el gobernador a dirigentes de partidos y coordinadores parlamentarios, que es "la última oportunidad que tenemos de posicionar a Sinaloa como un estado que va a la vanguardia, con un Congreso reformador".

Ojalá que Congreso, partidos y gobierno hagan su tarea. Será una valiosa contribución al desarrollo de la vida democrática de Sinaloa y a la construcción de la sociedad moderna. Pero también la ciudadanía puede y debe hacerse presente en la tarea de construir el perfil del Sinaloa que queremos para los próximos decenios.

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