Opinión

Hasta el 50 % de los bienes para el cónyuge que se dedicó al hogar y al cuidado de los hijos

SOCIEDAD Y DERECHO

Por  Juan Bautista Lizárraga Motta

El matrimonio, como acto jurídico, tiene diversos efectos en relación con las personas que lo celebran, los cuales generan derechos y obligaciones entre los cónyuges.

Uno de esos efectos es el relativo a la distribución de las cargas familiares que, por lo general, se satisface con la contribución económica que hacen ambos esposos con sus salarios o ingresos que destinan al sostenimiento del hogar.

Sin embargo, hay ocasiones en que uno de los consortes decide dedicarse al desempeño del trabajo doméstico y, en su caso, al cuidado de los hijos, sacrificando así la posibilidad de recibir una remuneración económica, por no ocupar ese tiempo en el ámbito laboral, lo que genera una desigualdad entre los bienes adquiridos por los cónyuges.

Por ello, el legislador trató de igualar dicha situación equiparando el “trabajo del hogar” como una “contribución económica”, tal y como lo dispone el último párrafo del artículo 69 del Código Familiar de Sinaloa, como se aprecia en la siguiente transcripción: “Artículo 69. Los cónyuges contribuirán al sostenimiento del hogar en los términos que establezca la ley (…) No estará obligado a contribuir económicamente el cónyuge (…) el que, por convenio expreso o tácito con el otro, se ocupe íntegramente del cuidado del hogar o de la atención de los menores de edad, labor que se contabilizará como contribución económica al sostenimiento familiar, en cuyos casos el otro responderá íntegramente de esos gastos”.

Así, en el caso de que uno de los consortes quiera disolver el matrimonio entablando demanda de divorcio y, estén casados por el régimen de separación de bienes, ninguno quedará desprotegido, debido a la “compensación económica”, que le da derecho a quien se encuentre en estado de desventaja a equilibrar la situación de desigualdad, otorgándole la posibilidad de reclamar y obtener hasta el 50 por ciento del valor de los bienes adquiridos durante el matrimonio.

De manera tal que, cuando en un juicio de divorcio sea la mujer quien reclama alimentos y el cónyuge varón manifiesta que las tareas educativas de los hijos le corresponden a ella por encontrarse en el hogar, implica un “estereotipo de género” que debe eliminarse por el juzgador, pues se actualiza un prejuicio que afecta a la esposa, bajo la preconcepción de que debe realizar esas labores domésticas por ser una consecuencia inevitable de su sexo.

Estimar lo contrario provocaría que se conciba a su cargo la dedicación del cuidado y educación de los hijos, lo que impide resarcir el costo de oportunidad ocasionado por asumir una doble jornada, esto es, desempeñar un trabajo en el mercado convencional y otro en el hogar, lo que trae consigo un deterioro en el bienestar personal de la mujer y se lesiona su derecho a la igualdad de oportunidades frente al cónyuge varón y al libre desarrollo de su personalidad, obstaculizando sus planes de vida.

Por lo que, quien haya contraído matrimonio bajo el régimen de separación de bienes y manifieste que durante este se ha dedicado a las labores del hogar y al cuidado de los hijos, tiene derecho al 50 por ciento de los bienes propiedad del cónyuge.

Como siempre, un placer saludarlos, esperando que estas pocas letras hayan sido de su agrado y, sobre todo, de utilidad. ¡Hasta la próxima!