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Opinión

*¿Hasta no tocar el agua? * Los malparados...

AMANECER DEPORTIVO
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Por: Raúl Brito

En algunos ya cunde la (desbocada) emoción, en otros el (bien ganado) escepticismo. Muchos -el mayor número- la añoran. Otros más, si bien la abrazan, optan por ser cautos y esperar mejores señales de vida. Sí, ahí viene la alberca olímpica. Eso se dice.

Retomado el envejecido proyecto por el -que se dice- alcalde deportista, el tema de la piscina vuelve a ser comidilla y, si a dichos nos atenemos, entonces podría darse por hecho que habrá fiesta en el agua clorada.

Lo de la mentada alberca tiene ya muchos años (¿desde tiempos inmemoriales?) en la exigencia de los nadadores y, sin embargo, generaciones van y generaciones vienen y el sueño nomás ha quedado en eso: un placentero, pero simple sueño.

Ahora que Carlos Felton ha hecho suyo el plan y le ha puesto números ("ya casi tenemos los 60 millones de pesos que se invertirán", asegura una y otra vez) a su eventual construcción, el regocijo se asoma de nuevo no solo entre la familia que le gusta de los goggles, la lycra y las gafas.

Ayer, en el encuentro que sostuvo con medios, presidentes de ligas oficiales, entrenadores y uno que otro colado, el munícipe insistió en que "ya falta muy poco" para firmar el convenio...y aterrizarlo.

Aunque no con la misma vehemencia que Felton, vivo está aún el recuerdo de la (tristemente célebre) administración jorgeabelista, cuyo alcalde fijó en su entonces agenda el tema del cacareado recinto acuático, que no solo no se concretó, sino que quedó en el olvido durante los tres años siguientes de otra ingrata gestión para el deporte -la higuerista-, que ni siquiera por encimita la tocó.

Al margen del sitio donde vaya a edificarse -se habla con seguridad que quedará en el (VIP) Centro Deportivo y Recreativo Benito Juárez, con lo que el influyente poder empresarial tendrá más pujanza en la administración del deporte local-, hay un factor que ya mucha gente malpensada, y con conocimiento de causa, pone sobre la mesa de la discusión: la lana para solventar su oneroso cuidado. ¿De dónde, y de a cuánto, y de qué manera, saldrá para su sustento? Son las preguntas que se lanzan en el aire y que luego se evaporizan.

Y aunque los recelosos duden aún de su edificación, el proyecto de la alberca debe acogerse con cierto optimismo -si es que, como se dice, ahí viene- y cimentarse sobre bases muy sólidas que den, en primera, viabilidad, y, en segunda, sustentabilidad, de tal forma que su funcionamiento deportivo y económico sea el adecuado y no haya causas que terminen por estropearlo.

Es decir, un sueño largamente acariciado y, tangible, como parece, no debe frustrarse antes de verse cumplido, o lo que es lo mismo, quedar en el olvido sin antes intentar echar a andar su añorada construcción, que ya es una necesidad imperiosa.

¿O hasta no tocar su agua clorada?

¿Con bozal? Bajo el argumento de que había agarrado monte (o sea, salido del tema que incumbía originalmente, valga la apostilla), Mónica Coppel cortó, de tajo, la inspiración a (la ahora irritable) Rayo Muñoz cuando, en la mañanera reunión con autoridades y colados, exponía la problemática (inseguridad, cancha en mal estado) en la unidad que cobijará la inminente Olimpiada Municipal: Sahop.

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Cuando apenas empezaba a agarrar vuelo y a soñar con ser atendida, la directora del Instituto le dijo a la también titular de la Liga Oficial Municipal de Volibol que esa era harina de otro costal y no tuvo más remedio que cerrar boca.

Lo mismo ocurrió con Juan Manuel Ortega, el titular de la Liga de Tae Kwon Do, que cuestionó a Felton sobre el apoyo que le daría al deporte y el alcalde, con un colmillo político retorcido, se la reviró: "¿Qué prometes tú?". Y, llano, sonrojado y vivaracho, Ortega cayó: "¡Prometo medallas de oro!"

Rayo, por cierto, mostró una extraña intolerancia hacia el ejercicio periodístico y tildó de "tonteras" lo que aquí mal escribo, persuadida -quizá- por el mal rato que Coppel le había hecho pasar minutos antes frente al presidente ciclista.

La iracundia es mala consejera, pero sus razones -válidas o no- tendrá. Y yo las respeto.