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NUESTRA OPINIÓN GUAMÚCHIL

Libros, las fuente que proporcionan conociemiento a chicos y grandes ya están llegando a las bodegas de la Sepyc, y será cuando inicie el próximo ciclo escolar que cada uno de ellos estará en nuevas manos.

Sin embargo, pasa algo con ellos y es un fenómeno extraño, que no debería haber sucedido, pues esas fuentes que brindan conocimientos a las generaciones que buscan fojarse un futuro prometedor, tienen errores ortográficos y de sintaxis, lo cual, literalmente es un pecado.

Hasta ahorita las autoridades educativas han querido garantizar la seguridad en este sentido, argumentando que los libros están corregidos y que tendrán una nueva imagen, incluso hay otras portadas, nombres, entre otras características que la misma Sepyc se propuso implementar.

Sin embargo, es fundamental hacer hincapié en algo, no importan si las portadas son o no modernas, lo importante es el contenido que se traiga, que éste no venga con errores, porque lo que se busca al final es educar y no mal informar y por ende basar el conocimiento en algo errado.

Cuán diferentes eran los libros de hace 10 o más años, donde no sólo los contenidos eran buenos , estaban correctamente escritos.

El hecho de que un fenómeno de esta naturaleza se haya presentado en el sistema educativo evidencia un retroceso que no debe ser jamás permisible.

Y en definitiva obliga a las nuevas generaciones a trabajar con ahínco para que puedan superar la crisis educativa.

Debe no sólo haber un cambio en los libros, también en los maestros, padres de familia y los propios alumnos, que ese eco que se escucha no se haga más fuerte, pues dicen ya no hay estudiantes, sino escuelantes. Todos pueden hacer la diferencia si así se desea.