Opinión

Hermanos del alma

LA VIE ENROSE

Por  Ana en Rose

Hermanos del alma(Imagen ilustrativa/ Pixabay)

Hermanos del alma | Imagen ilustrativa/ Pixabay

Hoy quiero hablar de esas personas que nos acompañan casi toda nuestra vida y dan los mejores consejos (o las mejores coscorronizas): nuestros hermanos. Y aunque no me quiera poner como Franco Escamilla y sacar un discurso con “quiero decirles mis hermanos...” sí reconozco que hay muchos tipos de hermandad; están los hermanos que te da mamá, los hermanas que nos da la vida y hay hermanos que elegimos que sean hermanos.

A decir verdad a un hermano (mayor, menor o gemelo) siempre se le tiene un cariño bizarro pero muy especial. Yo a mis hermanos con los ojos cerrados les doy un órgano vital, pero NUNCA el control de la televisión. Estoy para darles la mano y ayudarlos después de cualquier caída, pero no sin primero reírme un poco.

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A los hermanos se les tiene un amor incondicional a pesar de ser superdiferentes, porque ese tipo de unión supera cualquier distanciamiento.

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Estos últimos días llevo conviviendo con mi hermana Wendy más que nunca. Pasamos todo el día como uña y mugre, y la verdad es que noto cómo somos muy diferentes; ella tiene modos y rutinas diferentes a las mías en muchísimos ámbitos, pero aun así, rara vez nos peleamos. Casi siempre llegamos a un balance y nos entendemos (porque siendo francos puede ser que no nos peleamos porque la Wendy, a pesar de ser cinco años menor que yo, de un manotazo me noquea).

También mi hermanito Mario (bebé para siempre ante mis ojos) es un gran consejero, y aunque es todo un puberto sigue sin decirme que no a un abrazo.

En fin, estos son mis hermanos de sangre, pero los hermanos del alma también ocupan un gran espacio en el corazón. Son familia que elegimos como ya he dicho antes. Esos hermanos nosotros mismos les ponemos así porque nos han visto crecer y no tanto en edad, pero en desarrollo, en mentalidad y en el corazón.

Un hermano del alma no se va tan fácil después de pelearse sino todo lo contrario son los que se quedan. A pesar de saber que vendrá un coscorronazo después, a pesar de que no estén de acuerdo, a pesar de cualquier cosa en realidad. Son los que te abrazan después de que te rompen el corazón, los que te repiten el consejo aunque saben que no les harás caso y a los que no les importa quedarse a verte cambiarte diez mil veces para elegir el outfit que te pusiste primero.

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A lo que quiero llegar con esto es que la vida no sería la misma sin algún hermano, ya sea de nacimiento o de vocación. Ellos son ese valor extra para seguir o ese empujoncito para mejorar o ese amortiguador para no rompernos al caer.

Y ahora sí, como diría Franco Escamilla “y así es queridos hermanos” la verdad simplemente gracias por estar ahí.

Ana en Rose.

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