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Historias de futbol

POLIARQUÍA

Inevitablemente, buena parte del planeta hará sus propias pausas con el mundial de futbol. Sin duda se construirán pequeñas historias. Millones de seres humanos clavaran su mirada en alguna pantalla. Evadirán aunque sea por un momento sus realidades. Los callejones de la vida y sus sinsabores. Les comparto algunas de esas posibles historias.

Historia 1. Mire, no sabe lo que pasé para poder venir a Brasil. Invertí todos los ahorros de mi vida, pero aquí estoy. Mi mujer me dijo que no me lo iba a perdonar nunca. Y le creo. Me lo va a estar recordando hasta que me muera. No me va tocar ver jugar a la selección, pues los boletos estaban imposibles de conseguir. Me hubiera gustado poder ver a los alemanes o a los ingleses. O a los argentinos. O a Brasil, ni se diga. Pero no: esos estaban más difíciles. De todos modos podré ver dos juegos: Grecia contra Costa de Marfil, y el de Bosnia contra Irán. ¿Qué dónde voy a ver los juegos de la selección mexicana? En el hotel. Creo.

Historia 2. Ustedes no saben con quién se meten, les dijo a los dos agentes cuando lo detuvieron por manejar con exceso de velocidad. Había bebido en el bar quince cervezas o más, con los compañeros de la oficina. El juego de la selección había concluido ocho horas antes. La reunión se había prolongado por el resultado inesperado ante el favorito del mundial. Un golpe de suerte dio en un autogol el empate contra Brasil. El entrenador mexicano se vació una cubeta de agua encima e hizo el peor gesto que hasta entonces se le conocía. Los comentaristas consideraron que con este resultado la selección podría llevarse la copa del mundo. Lo mismo opinó él y los compañeros de la oficina. Por eso se prolongó el festejo. Pero a los agentes no les importó esa historia.

Historia 3. Varias de las familias de la colonia se reunieron a ver futbol en la casa de Doña Mercedes, la madre de un seleccionado nacional. Desde temprano llegó la comida y la bebida. O viceversa. Cuando en la televisión anunciaron la alineación, la madre sintió una punzada en el estómago: su hijo no estaba en la alineación titular. Hubo un cierto desencanto en los demás por el hecho. Le dijeron a Doña Mercedes, que de seguro entraba, pues la selección era una y otra sin él. Pero pronto eso se les olvidó. Comenzó el juego decisivo, dijeron los comentaristas. En el patio y frente a una gran pantalla, los vecinos no dejaron de gritar, como se grita en estos casos. Doña Mercedes seguía en silencio el juego, no viendo la hora de que alguno se lesionara y fuera cambiado por el entrenador.

Historia 4. Como en los últimos dos meses, ese día llegó a visitar a su madre. Un accidente doméstico le fracturó la cintura y ahora debía estar en el hospital por tiempo indefinido. Los percances a los ochenta son siempre cosa seria. Pero esta vez la recepcionista no estaba. Tampoco el policía de la entrada ni el vendedor de refrescos. Subió los tres pisos hasta el cuarto 324 y no se encontró con nadie. De pronto el hospital estaba vacío. Habían desaparecido todos. Abrió la puerta y se encontró con la queja de su madre: nadie le había llevado el desayuno aún. A unos metros de distancia, en la cafetería, el personal del piso lamentaba el primer gol contra el equipo mexicano en el mundial.

Historia 5. El narrador del partido tuvo que ser retirado del aire en los primeros minutos del juego. Olvidó que uno de los patrocinadores de la televisora era el refresco de cola azul y no el rojo. Obligado a decir un comercial cada tres minutos -el triple que en juegos normales-, el conductor ensalzó la marca equivocada y no sólo eso, dijo que el refresco de la competencia era el peor. Lo cambiaron de inmediato y le adelantaron su vuelo de regreso.

[email protected] twitter: @guadalupe2003