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Hoy no sé qué escribir

COMALLI

Lunes y martes, he estado pensando qué escribir. Mi espíritu se llena de frío, parece que es adrede el calor de medio día. No he podido. Tengo cinco hijos, cuatro nietos y cerca de cien estudiantes y varios colegas. Ya no sé hasta dónde mis genes han evolucionado. Lo cierto es que el eros del espíritu humano está sufriendo los embates de nuestra era. Que el "conocimiento" es la salvación para todo y para todos; que vivimos en la era de la "comunicación" y las redes sociales; que Wikipedia es la fuente de todo y hasta puedo saber quién soy y lo que debo hacer. Todo es una mezcolanza de argumentos y contrargumentos, la mayoría lanzados al aire sin ninguna consecuencia, escondidos bajo la identidad que vayamos escogiendo según lo que nos convenga en el momento. El paisaje de las responsabilidades humanas no solamente es confuso. Con los "avances" científico-tecnológicos hemos ido creando un mundo desconocido, más obscuro que antes de Pasteur. Con todo a la vista, perece que la ignorancia es más profunda; de hecho, cada día nos encontramos con una nueva "sorpresa" que escandaliza y a esta surge otra aún más terrible. Una muchachita asesta 60 puñaladas a su amiga, mañana un hijo les prende fuego a su madre y a su hermano. En dónde está la luz para compartir con mis hijos, mis nietos y los estudiantes, si ahora es tan fácil promover hasta los "noviazgos saludables". ¿De dónde parto para no sucumbir a una existencia tan aberrante, en donde todo se vale pero nada vale, incluso ni el dinero? Ya ven, hoy no sé qué escribir. Intentaré lograrlo reformulando las virtudes humanas, tomando como ejemplo una vivencia del Papa Francisco. "No olvidéis esto: ¡Dios nunca se cansa de perdonar! Esta palabra lo cambia todo…hace el mundo menos frío y más justo…Un día vino hacia mí una mujer anciana, muy humilde, de más de ochenta años. ¿Se quiere confesar? pregunté. Sí, me dijo. Pero si usted no ha pecado…Y contestó: Todos tenemos pecados…Pero, el Señor ¿no la perdona? El Señor perdona todo me dijo segura. Pero, ¿cómo lo sabe usted? Si el Señor no perdonase todo, el mundo no existiría". Gracias por escuchar lo que no sé.