Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

0 0

INE: Gobernanza democrática

No bien entró en efecto la nueva legislación político electoral aparecieron "molestias" de gobernadores y otros agentes locales de poder por la intervención "nacional" en los estados. Cuando la reforma constitucional respectiva estaba en el crisol de la opinión pública muchos vimos con recelo el otorgamiento de facultades nacionales a la institución electoral.

Las razones eran, entre otras las de una ruptura con la distribución de facultades y competencias propia del federalismo. Sin embargo, los argumentos aducidos por los promotores de este dispositivo de la reforma tenían y tienen fundamento en las lamentables tradiciones de manipulación, compra y coacción de votos; del intercambio de favores electorales a cambio de jugosos puestos, y otros vicios. De hecho, tanto en las elecciones locales como en las federales han brotado sistemáticamente estrategias de simulación o de manipulación de los votantes, especialmente los más pobres o los "organizados" corporativamente.

Si la conquista de un sistema electoral que da certeza y garantiza equidad es ya un hecho para las organizaciones políticas, no lo es tanto para segmentos de la ciudadanía que aún está sujeta a formas burdas de control político.

Entre críticos y promotores de las reformas electorales hay consenso de que la tarea pendiente más trascendente del sistema mexicano es avanzar a la creación de un Estado democrático; un estado de derecho en el que la supremacía de la ley esté garantizada para todos. Y aún más, que esa garantía sea la de un orden jurídico constitucionalizado, como lo ha expuesto magistralmente la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero (http://www.flacso.edu.mx/noticias/Estereotipos-en-juzgadores-ensombrecen-perspectiva-de-genero). Ni en lo electoral ni en ningún otro renglón los ciudadanos gozan plenamente de ese derecho básico en un sistema democrático.

Los lineamientos establecidos por el INE para la designación de consejeros en los órganos electorales de los distritos y estados del país son un avance en esa dirección. Seguramente veremos resistencias y confrontaciones en torno a esas designaciones. Pero ese solo hecho será revelador de la magnitud con la que los poderes locales se beneficiaban de la "mano negra" en los institutos electorales. La advertencia del Consejero Presidente, Lorenzo Córdova, de que el INE ejercerá plenamente su autonomía e impedirá cualquier intromisión es un dato alentador.

Los lineamientos para la selección establecidos por el Consejo General son particularmente enfáticos y firmes. Si se siguen como a la letra dicen se observará si los nuevos órganos electorales conformados por el INE —y no por las legislaturas locales— producen una diferencia en la gobernanza electoral con respecto a sus antecesores. De ser así, que sería lo de esperar sobre todo en las regiones políticamente más atrasadas, se habrá comprobado que los promotores de la reforma tenían razón para implantarla, y el país habrá ganado en la justicia electoral.

La historia del federalismo en México es la historia de uno de los mayores conflictos en la conformación del Estado nacional. El siglo XIX fue motivo de guerras civiles y asonadas constantes entre centralistas y federalistas. El Porfiriato disfrazó de federal el férreo centralismo en torno al dictador. La Revolución impuso un centralismo monopartidista. Al llegar la democracia en la última década del siglo pasado heredamos un federalismo desvencijado que ha ocasionado deformaciones como los gobernadores convertidos en amos y señores de feudos sin legislaturas o poderes judiciales y de opinión pública que signifiquen contrapesos reales de poder. Esperemos que la reforma electoral sea una corrección que pruebe que la gobernanza democrática puede arraigar en donde aún es cosmética.