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INE: cuidemos nuestra democracia

En días recientes, la Cámara de Diputados dio un paso muy importante en la transformación de las instituciones de nuestro país al haber elegido a los 11 integrantes del Consejo General del nuevo Instituto Nacional Electoral. Sin duda, como en toda decisión que requiere del consenso de las fuerzas políticas hay opiniones diferentes. Pero lo importante es que este proceso se llevó a cabo con apego a la legalidad y a un genuino espíritu democrático.

La tarea que tiene frente a sí este nuevo órgano electoral es un reto de grandes magnitudes. En primer lugar, tendrá que ser garante de la organización de comicios imparciales, libres y transparentes, tal como lo hizo el Instituto Federal Electoral en sus 23 años de existencia. La experiencia técnica acumulada por el personal del Servicio Profesional Electoral del IFE, que seguirá sirviendo a México en el INE, será sin duda un activo que confío permitirá al nuevo Instituto estar a la altura de esta tarea. Pero eso no significa que el INE no requiera fortalecer sus recursos y cuadros para cumplir con las nuevas encomiendas que la ley le confiere. Será indispensable que los legisladores apoyemos a esta institución para que pueda actuar con la solvencia técnica que requiere la organización de elecciones en un país tan grande como nuestro México.

En segundo lugar, el INE surge como una respuesta ante una realidad que nos demandaba actuar de manera firme: la falta de transparencia y equidad en algunos comicios locales. Efectivamente, a pesar de que a nivel federal se había alcanzado un nivel razonablemente satisfactorio en materia de equidad en las contiendas políticas, a nivel local persistían viejas prácticas y atavismos que sembraban la duda en los comicios. En especial, las labores de fiscalización de los recursos de los partidos que tendrá a su cargo el INE deberá efectuarse con imparcialidad y profesionalismo, a fin de que el espíritu de esta transformación institucional se refleje en una competencia electoral más pareja. Además, el INE tendrá el reto de poner en la práctica una serie de novedades a la ley electoral de gran relevancia, como las candidaturas independientes, el nuevo umbral de votos que requiere un partido político para conservar el registro, las cuotas de equidad de género en las candidaturas para el Congreso, la elección consecutiva de legisladores y miembros del ayuntamiento, la consulta popular, así como la aplicación en el futuro de las nuevas regulaciones en publicidad gubernamental e institucional, entre muchas otras.

En tercer lugar, el INE deberá fortalecer su presencia institucional y social para estar a la altura de la confianza ciudadana que logró ganarse el IFE a lo largo de más de dos décadas. Ello, desde luego, dependerá de su desempeño y de la imparcialidad de sus consejeros. Pero no todo está en manos del INE. Los partidos políticos y sus candidatos, así como los gobiernos y los poderes legislativos tenemos una responsabilidad importante para lograr que el INE sea una institución exitosa. No debemos olvidar que las sucesivas reformas electorales de los años noventa funcionaron bien debido a que hubo un compromiso serio y real por parte de todos los actores políticos para respetar la autonomía y las decisiones del IFE. Es por eso que en esta nueva etapa, todos tenemos que apoyar y respetar la autonomía y las decisiones que tome el INE.

El nuevo Instituto Nacional de Electoral es, ante todo, una institución al servicio de la ciudadanía y al servicio de la democracia. Cuidar al INE será, entonces, cuidar la democracia que a todos los mexicanos nos ha costado mucho tiempo, dinero y esfuerzo construir. Confío en que tanto el INE como la sociedad y la clase política sabrán estar a la altura de esta nueva etapa de nuestra evolución democrática.

Twitter: @jglezmorfin