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EDUCACION, HOY

Por: Marcos Miranda Gil

Cada día las cosas atraen y seducen más. Lo material se ha convertido en el fin último para muchos y no importa cómo ni a qué precio obtenerlo. La imagen de unos paisanos de Baja California Sur con unas pantallas en un carrito de supermercado, cuando la prioridad era sobrevivir en la mayoría de la población afectada por un meteoro, hace unos días del mes que corre, nos dice el grado de afectación del hambre y sed de tener y tener a cualquier precio. El bombardeo publicitario escuchado y asimilado por años ha tenido efectos y ha rendido frutos. Lo material, poco a poco, ha transformado en cosas con forma humana gradual y pausadamente a un gran sector de la población carente de recursos intelectuales o éticos suficientes para discernir entre necesidades básicas de cooperación y ayuda, antes que el egoísmo y miedo. Lo mejor y lo peor del ser humano aparecen en momentos de crisis, y por lo general, lo primero tarda más tiempo en manifestarse en ámbitos sociales donde la carencia y la debilidad reinan. Pensar que el ser humano actuará siempre a favor de lo mejor, para todos es tan ingenuo como peligroso porque esa falsa premisa, provoca el abandono de responsabilidades de todos los obligados a cumplir con sus tareas de actualización de las normas de convivencia pacífica entre iguales y desiguales. De sobra es conocido que este papel debería jugarlo el profesorado, y todos los que han decidido promover la formación de niños y jóvenes aptos para comprender el mundo de sus alrededores. No ha sido así. La carrera la está ganando de calle la subcultura de la ambición y sus secuelas primitivas de supervivencia. El dios del dinero, del poder acumulado, aunque sea una bicoca, pero poder al fin y sobre todo, la sensación de parecer algo que nunca llegarás a ser por el momento, van adelante.

mirandagil55@hotmail.com