Opinión

Imanol Caneyada

EL ARTE DE NOVELAR
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Por: Élmer Mendoza

Las paredes desnudas, de Imanol Caneyada, publicada en México por Santillana en su colección Suma, en octubre de 2013, es una novela del norte. Del norte insaciable que exige sacrificio y despersonalización, de esa región inclemente donde se pueden encontrar mujeres convertidas en prostitutas con lujo y violencia.

"En el norte bárbaro el paraíso se llama maquiladora", expresa el autor, refiriéndose a esas empresas de montaje que debían equilibrar la economía de la región, pero que se convirtieron en preludio de muerte para cientos de mujeres obreras a lo largo de los 3 mil 185 kilómetros que mide la frontera con Estados Unidos, donde viven poco más de 16 millones de personas, la gran mayoría en centros urbanos.

Imanol Caneyada, que nació en San Sebastián, España, en 1958, pero que vive en Hermosillo, Sonora, desde hace años, es un autor perceptivo, que ha desarrollado un estilo en que la corrupción y la violencia ponen los pelos de punta. Con una prosa limpia, intensa, equilibrada y dura, cuenta el lado oscuro de una ciudad del norte que se parece a todas. Prostíbulos, bares, narco, trata de personas, la manera en que se forman los barrios pobres en los basureros, los tianguis, la adicción a la comida rápida, migrantes, la presencia eterna de políticos sonrientes repartiendo prebendas por votos, son tema de esta novela, que lleva por protagonista a la "Perra Saldívar", una boxeadora que va por el campeonato mundial.

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Jerry, el narrador personaje, enfermero, conoce a "la Perra" una noche que es hospitalizada en la clínica donde él trabaja de noche. Es un hombre sin sueños que vive solo, un gordo aguado, en plena madurez, que nada sabe de box pero que se prenda de "la Perra" desde el momento mismo en que es bajada de la ambulancia. La boxeadora desarrolla un afecto frío por el gordo, que la acompañará en las averiguaciones para rescatar a Marina, su hermana querida, de las garras de una banda de trata de personas que la secuestró. Si se puede llamar espeluznante a la prosa, sería un calificativo justo para el discurso de Imanol Caneyada, poblado de arrebatadores personajes tipo que mueven las fibras más ocultas de la compasión y la sorpresa. Es inadmisible pensar que sólo es un texto, una novela bien escrita; es tan vivaz que resulta imposible creer en tanta crueldad, tanta corrupción, tanto engaño, como métodos para someter a mujeres jóvenes que apenas está despertando a la vida. Pompeya es famosa por su vida sensual y su erotismo bigenérico; y parece que nadie estaba en eso a la fuerza, todos lo tomaban como una forma de vida y un homenaje a la belleza y al cuerpo. Después de todo, no es la práctica del sexo lo que nos escandaliza, lo que duele es la industria de crueldad que se genera alrededor y convierte a las mujeres jóvenes en productos desechables. Un Vesubio implacable y bastante sanguinario. José Manuel Valenzuela nos expone lo que piensan algunos estudiosos gringos: "La frontera, más que un sitio de confrontación moral entre mexicanos y estadounidenses, deviene, campo de intrínseca maldad… por ello, los estadounidenses que acuden a divertirse… no pueden ser juzgados por sus actos, pues ellos no pueden resistir el envilecido espacio fronterizo." ¿Lo pueden creer?

La novela avanza vertiginosa por barrios bravos, gimnasios, burdeles, el tianguis La bola y por el desierto que disimula todo en su espejismo. Hay un ejercicio de la memoria interesante. "La Perra" y Jerry encuentran un hilo casi transparente y las personas adecuadas que los llevarán a conocer a fondo un delito donde los coludidos nunca aparecen. El autor sabe que una novela es un mundo muy particular y consigue crear numerosas atmósferas emotivas donde la historia nos llega al corazón. Dicen que vivir en el desierto aguza los sentidos. Qué bueno que a Imanol Caneyada le ocurran esas cosas. De otra manera, no podría crear un personaje tan insípido como Jerry, pero a la vez tan humano, sensible y verosímil. Qué bueno también que puede crear una ciudad cuyos márgenes son la ignominia y el descaro; y cuando habla de "la Perra" dice que es "originaria de la ciudad más violenta del mundo". Y por lo visto no hay tolerancia cero modifique ese nombramiento.

En Las paredes desnudas, Imanol Caneyada muestra que su amor por esta tierra es enfermizo; desarrolla un sentimiento de Destino manifiesto que es una marca indeleble en los norteños: nacidos para soportar. Sin embargo, es el principio estético correcto, difícil será hacer una literatura memorable de un espacio al que no se quiera. Caneyada paga el tributo, y usted lo notará desde la primera línea.