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Imprevistos

EDUCACIÓN, HOY

Deberían llamarse imprudentes. Aparecen cuando menos los esperamos y por lo general, lo hacen para complicarnos la vida. Su única virtud es que nos ayudan a mantenernos alertas y a estar muy atentos de nuestro presente sobre todo cuando más confiados estamos en que todo marcha sobre ruedas. Los sobresaltos propios de una situación inesperada son más recordados cuando la circunstancia concreta nos provoca una alteración directa del pequeño y frágil universo personal. Es de mucha utilidad creo yo, hablar sobre el tema, porque por mucho tiempo alimentamos la creencia, falsa por cierto, de que siempre estaremos en óptimas condiciones y nunca nos ocurrirá nada capaz de sacarnos de quicio o aturdirnos con su intensidad. Si bien es cierto los imprevistos después de que ocurren sirven como anécdotas chispeantes en una conversación, al momento de su vigencia provocan serios desajustes en todos los sentidos. Hay muchas formas de manejarlos pero a la hora de la hora, ninguna de las fórmulas leídas o ensayadas llegan con rapidez a la memoria, pues generalmente estamos obligados a improvisar y resolver con la inteligencia del momento cualquier contingencia derivada de esa brusca sacudida. Sabemos que un accidente cualquiera lo puede sufrir; estamos seguros de que todos somos propensos al contagio de una enfermedad; somos conscientes de que en cualquier momento esto que llamamos vida puede convertirse en su opuesto y sin embargo no somos capaces de asimilar que de un momento a otro y en cuestión de segundos, todo lo planeado, acariciado o soñado puede desaparecer si por azares del destino un hecho intempestivo se presenta sin permiso ante nosotros.

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