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Impunidades cotidianas

POLIARQUÍA

La democracia es lo que son y hacen los ciudadanos. Ahí donde hay una democracia avanzada, hay ciudadanos dispuestos a poner el ejemplo a sus gobiernos con sus acciones cívicas. Con sus conductas. Con sus lecciones de acuerdo comunitario y vecinal.

No se espere una clase política virtuosa, si en la arena social el ciudadano no tiene iniciativas de autogestión. De participación organizada y útil. La verdadera democracia se construye con ciudadanos que asumen sus responsabilidades, no sólo sus derechos.

Hay un catálogo de impunidades cotidianas que los ciudadanos aportamos en todos nuestros espacios. Parecieran pequeñas pero no lo son. Aquí les comparto algunas de tantas.

Impunidad 1. El juego va en la sexta entrada. El joven ha logrado apilar siete vasos desechables de cerveza. Los exhibe como un trofeo. Da un sorbo a su largo vaso y grita un improperio al ampayer. Sus cuatro amigos le aplauden. A su alrededor, todas las butacas están ocupadas. Como otras veces, han asistido familias. Hay niños incluso de meses. Viene el hit y el público festeja con júbilo. El joven avienta hacia las gradas de abajo su cerveza. Un señor recibe el baño ante la risa de algunos. Se pone de pie y en vano busca al agresor. Es un viejo aficionado que ese día cumple sus 79.

Impunidad 2. Como cada tercer día, ha pasado el camión de la basura a las 7 de la tarde. De ello se percata la señora apenas cinco minutos después. Ya no puede alcanzar al recolector. Es lunes y hay basura acumulada del fin de semana. Comienza una discusión sobre quién incumplió la encomienda de sacarla a tiempo. El responsable está viendo el televisor: es quien estudia la secundaria en esa casa. La señora lo reprende y le recuerda qué es lo que tiene que hacer. A las 9 de la noche, el muchacho sale sigilosamente de su casa y arroja las bolsas de basura en el lote vacío de la esquina de su cuadra. Un vecino acaba de hacer lo mismo.

Impunidad 3. Cuando entró al supermercado sólo quedaban algunos lugares para estacionarse. Pero estaban lejos de la entrada. Fue cuando decidió estacionarse en uno de los dos lugares destinados a las personas con discapacidad. El hijo le reclamó. Él hizo como que no oyó y lo apuró a que se bajara. El cuidador de automóviles quiso decirle algo pero una propina enmudeció su intensión. Vamos a estar solo un momento, se justificó. El niño le tomó de la mano y le volvió a decir algo que fue nuevamente ignorado por el padre.

Impunidad 4. Se levantó a la misma hora de siempre. Se vio al espejo y abrió la llave del lavabo. También la de la regadera del baño. Se miró unos minutos al espejo. Fueron al menos cinco. Comenzó a silbar la canción de todos los días. Se rasuró con la paciencia que sólo dan los años. Las llaves del agua siempre abiertas. Llevaba ya 15 minutos en su rutina. Cuando entró al baño en el lavabo se habían desperdiciado 75 litros de agua. Y en la regadera 150.

Impunidad 5. Tienen dos hijos. La casa es de cuatro recámaras, como buena parte de las otras casas de esa zona residencial. Una señora hace el aseo y la comida todos los días. Hay un jardinero que trabaja para ellos tres veces por semana, y da mantenimiento al césped que, como se dice, parece una alfombra verde. Padre y madre tienen más que buenos empleos. Posición social. Tienen dos automóviles de lujo en los que viajan cada que pueden a Estados Unidos. Sus dos hijos están becados. Nadie sabe por qué. Nadie sabe quién hizo el estudio socioeconómico que los hizo acreedores a la beca que otros necesitan más que ellos. Mucho más que ellos.

[email protected] twitter: @guadalupe2003