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In-cre-í-ble humillación

MI PUNTO DE VISTA

¿Brasil, apuntaste las placas?

Qué masacre, qué goliza, qué humillación. Nunca hubiera esperado un resultado de esa naturaleza de los cariocas, y menos en su casa.

Alemania los aplastó con un escandaloso 7-1 que posiblemente habría sido más abultado, de no ser por unas atajadas del portero Julio César y de fallas de sus delanteros.

Pero lo más sorprendente fue la forma tan fácil que hicieron las cosas, y la vulnerabilidad de una selección que si bien es cierto no pintaba para campeón, al menos hubiese perdido de una manera más decente y decorosa.

Los teutones necesitaron en realidad menos de 30 minutos para aplicarle a los dueños del Mundial y sus más de 200 millones de seguidores –solo en Brasil-, una de las derrotas más escandalosas de todos los tiempos, comparada tal vez con aquel "maracanazo" de 1956 en la final del Mundial contra Uruguay.

Amigos, Brasil no metió ni las manos. Vimos a un equipo endeble, frío, robotizado, sin vergüenza deportiva y sin ánimos de defender una franela con historia, con un pasado glorioso.

Es realmente increíble lo que sucedió ayer. Tal vez la palabra humillante quede corta.

Apuntábamos en este mismo espacio que a Brasil le pesaría mucho la ausencia de su líder Neymar. Pero estoy seguro que ni con el astro del Barcelona habrían podido vencer a los alemanes que con excepción de aquel partido contra Estados Unidos, han jugado por nota, con elegancia, con categoría y con contundencia.

Brasil llora en estos momentos por una de las ofensas más terribles sufridas en el balompié. Pero es algo que muchos veían venir. No se necesitaba ser un erudito en futbol para pronosticar que con esa escuadra difícilmente llegarían a la final. Lejos sí, pero la final no.

El vaticinio de muchos, si no es que de todos y hasta de la propia población carioca, se cumplió.

Sentenciado. Desde que el balón comenzó a rodar tras el silbatazo del árbitro mexicano Marco Antonio Rodríguez, y pasado los primeros cinco minutos, se vio a un Brasil muy diferente, desconectado, sin ánimo de pelear por el balón y meter fuerte la pierna.

Muchos estábamos desconcertados ante el televisor por el tipo de juego que comenzaron ofreciendo.

El primer tiempo fue mortal, desastroso, imperdonable y algo raro. Sí, cuando menos en mi punto de vista muy raro. Me daba la impresión de que antes de salir a la cancha alguna promesa no les cumplió su Federación, porque el cambio tan radical así lo justificaba. Es muy temerario lo que pienso, pero les juro que me daba esa impresión de haber salido a la cancha con alguna molestia e inconformidad.

Me acordé de pronto del beisbol, donde suele ser muy común este tipo de situaciones. Las hemos visto y vivido, que de pronto los peloteros se manifiestan de esa manera, bajando su rendimiento para presionar.

La caída tempranera del primer gol a los 11 minutos por Thomas Muller pudo haber sido hasta cierto punto normal.

¿Pero les hagan dos goles en un par de minutos (al 23 y 24)? ¡Por Dios, ahí hubo algo, insisto! Que conste, no quiero quitarle méritos a Alemania, que anda y juega muy bien, y que puede y debe ser el campeón.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo ÉL sabe si podré hacerlo de nuevo.