Conéctate a El Debate

O conéctate con...

Usuarios registrados

Cancelar

Independientes: otro embuste más de la partidocracia

Imagínese usted que es dueño de un monopolio. Es el único en el mercado y, por tanto, tiene ganancias extraordinarias. Presionado por los consumidores, quienes demandan más opciones a mejores precios, acepta la entrada de nuevas empresas al mercado. Y usted, además, cuenta con el poder de decidir cómo, bajo qué reglas, van a poder entrar los nuevos. Pregunta: ¿haría usted el proceso fácil para la entrada de muchos competidores? Por supuesto que no. Desde un punto de vista racional, pondría barreras casi imposibles de cumplir para los nuevos con el fin de defender su posición monopólica.

Es exactamente lo que hicieron los partidos en México. Presionados por una ciudadanía que está harta de ellos, aceptaron abrir la competencia electoral a candidatos independientes. Pero pusieron reglas muy difíciles de cumplir para aparecer en la boleta. En el caso de los candidatos presidenciales, tienen que crear una asociación civil y luego recabar 866 mil 593 firmas equivalente al 1% de la lista nominal en un plazo de 120 días. Las firmas deben ser en por lo menos 17 estados que sumen cuando menos el 1% de ciudadanos del padrón de cada uno de ellos.

Mañosamente, los partidos pusieron estas reglas sabiendo lo que cuesta una operación política de esta magnitud en México. Ellos, que tienen el monopolio de la representación política en el país, saben perfectamente los costos de movilizar el 1% del padrón electoral en por lo menos la mitad de los estados. Sabían lo difícil y costoso de esta proeza.

Hay que reconocer que el Instituto Nacional Electoral (INE) ha realizado un esfuerzo por hacer lo menos burocrático posible el registro de firmas de los independientes. Avaló y expidió una aplicación en teléfonos móviles donde los auxiliares de los candidatos pueden registrar las firmas. Esto es mucho más sencillo que haberlo hecho en persona, con firmas en papel y fotocopiando las credenciales de elector.

No obstante, como era de esperarse, el proceso de aprendizaje de la app tomó unos cuantos días. Todos los posibles candidatos se quejaron que no servía. Pero, conforme ha pasado el tiempo, el sistema electrónico ha tomado tracción. Al parecer, ya funciona mejor y se ha acelerado la recolección de firmas por parte de algunos de los 48 aspirantes que se registraron para aparecer en la boleta como candidatos presidenciales independientes. El INE, por su parte, ha ampliado una semana más el plazo para recabar el apoyo ciudadano.

La realidad es que todos los aspirantes están muy lejos de llegar a la meta. De acuerdo al último reporte publicado ayer por el INE, Jaime Rodríguez, El Bronco, llevaba 131 mil firmas equivalentes al 15% del total necesario. En segundo lugar aparecía Margarita Zavala con 120 mil (13.8%) y en tercer María de Jesús Patricia Martínez, Marichú, con 33 mil (3.8%). Los demás ya están muy rezagados. Cinco de los 48 no cuentan con ni una sola firma.

¿Quién va ganando en este proceso? Los partidos, es decir, el monopolio. Vaya que hicieron bien su chamba: pusieron barreras muy altas para la competencia. Va a ser muy difícil que algún candidato independiente aparezca en la boleta. Es más, me atrevería a pronosticar que si alguno efectivamente logra las firmas es porque abierta, velada o hasta contra su voluntad, las consiguieron gracias al apoyo de un partido.

Estoy pensando, en particular, en el PRI. Y es que a los priistas les conviene que aparezcan candidatos independientes que le quiten votos al Frente Ciudadano (PAN, PRD y MC) y a Morena. Su estrategia es fragmentar el voto anti-priista. Tanto Margarita como El Bronco podrían ser funcionales en este sentido restándoles votos a Anaya y López Obrador. Si el gobierno de Peña y el PRI se decide a que ambos personajes aparezcan en la boleta, movilizarán los recursos necesarios para que obtengan las firmas necesarias, aunque ellos no lo quieran.

Así la situación de los independientes en México. Acabaron siendo víctimas o dependientes de los partidos. El monopolio partidistas se encargó de diseñar reglas para dizque abrir el sistema, pero me temo que el objetivo de una supuesta mayor competencia electoral acabó en otro gran embuste de la partidocracia. No por eso hay que quitar el dedo del renglón. La sociedad tiene que seguir presionando para que haya más competencia política, ya sea facilitando el registro de candidatos independientes o el de nuevos partidos evitando, desde luego, que aparezcan oportunistas que sólo quieran robarse el dinero del financiamiento público.