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Innovar para crecer

Tenemos que asumir que sin más democracia no hay desarrollo posible. Por eso es necesario 
romper  inercias y atreverse a innovar para crecer.

¿Diputados plurinominales designados mediante sorteo ciudadano y ya no por los partidos políticos? ¿Incluir en cada elección el referéndum sobre asuntos de interés público? ¿Obligar a que los representantes populares impulsen procesos de democracia deliberativa y de democracia directa? 

En las sociedades actuales existe el síndrome de fatiga democrática, afirma David Van Reybrouck, en su reciente libro: Contra las elecciones. Tenemos una lamentable paradoja: todo mundo quiere la democracia, pero ya nadie cree en ella. Por eso las sociedades están paralizadas, no avanzan, no evolucionan. Se multiplican los problemas y se acumulan los rezagos.

La confianza en las instituciones democráticas está disminuyendo peligrosamente. Autoridades electorales, partidos políticos, cámaras legislativas y gobiernos gradualmente se debilitan y pierden capacidad de operación. El ciudadano toma distancia de estas instituciones y siente que sus representantes en realidad no le representan ni defienden sus intereses.

Es necesario salvar la democracia, afirma Reybrouck, y es tiempo de pensar en innovaciones de fondo. El problema es que hemos reducido la democracia a un asunto estrictamente electoral cuando el concepto es mucho más amplio. Por eso ya no basta con ganar elecciones, ahora se deben legitimar las decisiones legislativas y de gobierno para lograr los objetivos propuestos. 

La democracia representativa la hemos encasillado en lo electoral, y ese ha sido el principal error. Hay que fortalecer la democracia representativa mediante procesos de democracia directa y de democracia deliberativa. Desde la perspectiva del ciudadano, la razón es simple: se trata de ser gobernado, pero también de poder gobernar participando en las decisiones públicas.

Existen diversos mecanismos para hacerlo. Uno de ellos consiste en designar a los diputados plurinominales mediante un proceso de insaculación, similar al que se lleva a cabo para designar a las autoridades de las casillas electorales. Ello significa que los partidos políticos perderían la atribución que hoy tienen, y esta pasaría al conjunto de la ciudadanía.

Tener un poder legislativo que combine diputados electos y diputados designados mediante insaculación ampliaría la vida democrática y reduciría la influencia de los partidos políticos que cada vez tienen menos votos y menos militantes que representar. Se fortalecería la legitimidad del propio poder legislativo.

Otra innovación sería la de incluir en cada proceso electoral alguna o algunas consultas especificas para que la ciudadanía decida. Es decir, utilizar el referéndum para que el elector se pronuncie a favor o en contra de ciertos programas o leyes. El voto sobre las ideas o sobre las propuestas reactivaría el interés democrático en la población.