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Opinión

Intrigantes y bufones

Por: Saúl Lara Espinoza

El estudiar la naturaleza humana nos permite descubrir la perversidad de algunas personas que, por lo general, son muy contaminantes y dañinas al mismo tiempo, de manera tal que no les agrada o no se sienten bien cuando les descubres sus fechorías pasadas o presentes, o las que traen entre manos o en mente para “vengarse” de sus potenciales “enemigos” y quedarse o consolidarse en el lugar que ocupan circunstancialmente, ya sea social, laboral o político o en cualesquiera otro contexto.
Son personas que en realidad son enfermas, que hasta requieren un tratamiento sicológico o siquiátrico verdaderamente profesional, aunque superficialmente aparenten estar muy bien de salud, pero que en realidad son enfermas. Por lo general, algunas personas de ese tipo arrastran daños añejos por determinados sufrimientos que les dejaron hondas cicatrices que a simple vista no se observan o no se notan, y una de sus características de personalidad es ser obsesivas o egocéntricas que, algunas de ellas al ser examinadas desde el punto de vista de la sicología en general, y de la psicología forense en especial, consideran que hasta tienen derecho a delinquir de manera cotidiana pero que, cuando son descubiertas o exhibidas, procuran por todos los medios posibles cómo solventar esa situación embarazosa para continuar viviendo en una situación privilegiada determinada. No les importa atropellar derechos humanos de terceros. Lo grave del caso es que en ocasiones existen personas a quienes apoyamos en determinado momento o circunstancia que tienen iniciativa de atacarte y lo hacen. A estas últimas se les llama comúnmente traidoras, en cualesquier parte del orbe.
Esa conducta, por lo general, proviene de quienes en realidad son inseguras de sí mismas, pero que, en algunos casos mueven a determinados grupos de individuos que simulan por conveniencia propia estar apoyando, ya sea por amenazas o para continuar en un trabajo determinado, o bien, para reemplazar a quien ocupa un sitio que considera es de él por simple antigüedad o por cualquier otra circunstancia en la vida. Algunas hasta se dan golpes de pecho o pregonan ciertos valores, pero al investigar su pasado te encuentras con ciertas sorpresas,  por las que no merecen el sitio que están ocupando.
También hay determinados grupos de individuos que, se supone, teóricamente, son la reserva intelectual o educativa, pero en los hechos, no lo son, porque parecen estar alienados sicológicamente hablando, que se encuentran en situación de letargo.
Dentro de ese grupo se hallan personas intrigantes y bufonas como a las que se refería Nicolás Maquiavelo, autor de la obra famosa El Príncipe, escrita hace cuatrocientos setenta y un años. Término acuñado también en la novela de Sebastián Darke, llamada precisamente Príncipe de los bufones. Aunque los intrigantes y bufones siempre han existido en todo el devenir histórico de la humanidad, como Judas Iscariote por ejemplo, quien por unas cuantas monedas entregó a Jesucristo. Lo grave del caso es que, quienes reciben la intriga hagan caso de ellas y proceden de manera acelerada, explosiva, grosera y hasta violenta. Aunque parezcan tener piel de oveja y sepan disimular cual experto histriónico, aun cuando en realidad sean lobos esteparios. En esa hipótesis, lo recomendable es generar las circunstancias para desligarse a tiempo de ese tipo de personas enfermas mentalmente, así como de las intrigantes y bufonas que, lejos de acreditar una educación en los hechos, son otra cosa, menos personas dignas de confianza, sino al contrario, son enfermas y corrosivas que al menor descuido posible te propinan una puñalada trapera. Aunque hay débiles que las escuchan sin ponderar razonablemente y caen en la trampa de su perversidad natural. Aun así, por razones humanísticas, lo mejor es tolerarlas, ser prudentes, justos y tener templanza para mantener con todas las personas relaciones cordiales y respetuosas, así como saber conducirse en cualesquier ámbito o circunstancia. Esto es cuidar las emociones, como nos enseñan con perspectiva distinta, por ejemplo, por un lado, Daniel Goleman, y por otro, Laura Esquivel.