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Inversión: "espíritus animales" lastimados

El inicio de 2014 ha estado lleno de disonancias. Arrancó con la buena noticia de que, con claroscuros, se había concluido exitosamente un histórico paquete de reformas. A pesar de la explicable molestia derivada de la reforma fiscal, las expectativas eran positivas, y con razón. Por primera vez en lustros, México se movía y se mostraba, a sí mismo y al resto del mundo, capaz de concretar cambios profundos.

El entusiasmo se disipó con rapidez. Ajustarse a los requisitos informáticos de las nuevas disposiciones de la reforma fiscal, que exigen autorización electrónica previa del SAT. Implementar las medidas para cumplir con las nuevas disposiciones de la Ley contra el lavado de dinero, que exigen que, para las actividades "vulnerables", que son muchas, los ciudadanos deban presentar periódicamente múltiples reportes.

La intensificación del combate al crimen organizado en Michoacán, donde se volvió difícil distinguir entre Caballeros Templarios, "guardias comunitarias", los policías y ediles buenos, de policías y ediles malos; donde no está claro cómo eventualmente se desarticularán y asimilarán a las instituciones las guardias comunitarias. La preocupación por este dramático escenario se aminoraba conforme hubo notables éxitos en el arresto de grandes capos, entre los que destaca "El Chapo", pero no se disipó.

Contribuyó a la erosión un comportamiento de la economía estadounidense menos bueno que el anticipado e, inmediatamente, una cascada de información señalando que la economía mexicana se desempeña de manera muy poco satisfactoria: aumento sustancial de la inflación en enero, aunque explicable y transitorio; PIB que creció sólo 0.7% al concluir 2013; producción industrial que se contrajo en noviembre y diciembre respecto a un año antes; ventas de la ANTAD que en febrero decrecieron 0.2%. Prevalencia de cuantiosas deudas del gobierno con proveedores y contratistas, con el consecuente daño a las empresas.

Se señala que durante la primera quinta parte de esta administración, que ya transcurrió, el sector público ha licitado pocos proyectos que beneficien de manera directa e inmediata a empresas y trabajadores mexicanos.

El resultado es que en las mesas, en los cafés, en las tertulias hoy se respira un ambiente cada vez menos optimista, más bien pesimista. Los "espíritus animales" de Keynes, que mueven la inversión, están lastimados.

Poco después de la crisis financiera de 2008-2009, los premios Nobel de Economía George Akerlof (2001) y Robert Shiller (2013) publicaron un texto muy relevante, revisitando a Keynes. En síntesis, subrayaron lo que en su opinión constituyen los cinco espíritus animales más potentes: i) confianza, ii) equidad, iii) corrupción, iv) ilusión monetaria, y v) "story telling" (la historia que cuenta cada quien).

La confianza juega un papel importante en la decisión de consumo e inversión de las personas. En un ambiente de confianza, los hogares consumen más, invierten más, gastan más; en uno de desconfianza, se retraen, venden, se retiran. La confianza no es sólo el estado emocional de un individuo, tiene que ver con el de la sociedad y con el estado de derecho, y según los autores, genera una especie de multiplicador, por el cual un aumento de la confianza puede corresponderse con aumentos de mayor magnitud en la inversión, el consumo, y el producto.

En múltiples transacciones, no sólo cuenta el cálculo económico racional; también suelen incorporarse consideraciones de equidad y justicia, por ejemplo en licitaciones.

Las prácticas de corrupción y mala fe se dan, en buena medida, por la prevalencia de impunidad. En una sociedad con corrupción, y baja probabilidad de castigo, se percibe fácil "salirse con la suya". Ese proceso de corrupción también da lugar a un efecto multiplicador: corrupción genera más corrupción.

La ilusión monetaria se refiere a que las personas tienden a desestimar el efecto de la inflación sobre los recursos que poseen. Con frecuencia, al consumir, pactar un salario, o contratar una deuda, no se toma en cuenta el efecto de la inflación. Para muestra, el salario mínimo actual en México, que en términos reales, se ubica en niveles similares a los de hace 55 años.

Los autores concluyen que en la sociedad actual todos tenemos que contar una historia, para vender, para comprar, para elegirse, para destacarse. La "historia que cuenta cada quien" y, sobre todo, la agregación de esas historias, conforman la narrativa nacional y tienen un impacto real en la economía, pues mueven mercados, y atraen o inhiben inversiones. Durante este trimestre, la historia del gobierno está en disonancia con la que cuentan los inversionistas potenciales.

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