Opinión

Invisibles

Por  El Debate

Así es como se le puede considerar a miles de niños que vienen a trabajar año con año a los campos agrícolas de Sinaloa. Sus padres son jornaleros, pero por las condiciones en las que se desarrollan —que dificultan su incorporación a las aulas— ellos serán también trabajadores del campo.

Lo peor es que no en todos los casos se puede hablar de que “serán”, pues la mayoría ya son jornaleros, parcial o de tiempo completo. Esto ha sido documentado durante muchos años, y a pesar de que el marco legislativo que México ha suscrito a nivel internacional, en práctica este queda como letra muerta.

Ante la ineficiente actuación del gobierno, cuyas evidencias podemos ver en los campos de prácticamente todo el estado muy grave en la zona de Escuinapa y Rosario, organismos de la sociedad civil han entrado al quite, siendo Save the Children uno de ellos. En Sinaloa, este organismo atiende al año a 3 mil infantes, de los cuales 900 se ubican en Mazatlán, Escuinapa, Rosario y Concordia.

Esta agrupación afirma que en promedio mueren siete niños en Sinaloa por cada temporada agrícola, debido a las precarias condiciones en las que viven. Son ellos el eslabón más débil de la próspera industria agrícola sinaloense, para la cual el bienestar de estos niños no parece ser —salvo honrosas excepciones— un asunto importante.