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Opinión

Savoir faire en pandemia

DESDE SAN SEBASTIÁN

Por Irma Aguilar

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“París siempre será París”, dice una amiga. Y es que cautiva. Es el centro neurálgico francés, una ciudad concéntrica, rodeada por todos y de todos. Conviven innumerables culturas. Recientemente asistí a una boda. Ella senegalesa, él argelino, ambos parisinos, musulmanes. Fue en el ayuntamiento de Neully-sur-Seine, enclave de Sarkozy, una pequeña ciudad señorial en la región metropolitana con tiendas de moda, joyería, arte, antigüedades. Paseé por el Arco del Triunfo, medio envuelto en tela azul. Es obra póstuma de Christo, el artista búlgaro que en 1985 envolvió el Pont Neuf. Otros edificios también visten con anuncios de los patrocinadores de su remodelación. Vuitton está en la iglesia de la Madelaine. Y mientras el lujo se impone, las manifestaciones también. Sobre todo, en la zona del Louvre, el distrito uno, de veinte. La violencia se desata al infiltrarse los ‘black block’, un grupo radical, vestido de negro. Entré al ‘Café Marly’ -siempre se pide el pasaporte sanitario-, a beber chocolate vienés y admirar la grandiosa explanada, estaba vacía, con la pirámide de vidrio y acero. Su creador, chino-estadounidense, Ieoh Ming Pei murió hace poco, a los 102 años. Saludé a Notre Dame, luce triste, y vagueé por Le Marais, el barrio donde está la Plaza de los Vosgos, la más antigua. Vi el polémico ‘Bouquet of Tulips’ de Jeff Koons en los Campos Elíseos a las víctimas del Bataclan. El ayuntamiento se ahorró el diseño, fue regalo, pero pagó más de tres millones de euros en material e instalación. Tiene 12 metros y 33 toneladas de bronce, acero y aluminio.

Otro punto disruptivo es la Catedral de la Santísima Trinidad, ortodoxa, ideada por Putin y Sarkozy. Impresionan las cúpulas plateadas que reflejan el cielo. Está enfrente del distrito XVI, donde hace 70 años el vasco Cristóbal Balenciaga iniciaba su aventura. En la actualidad, con el diseñador Denma Gvasalia al frente de la firma, conquista a estrellas del fútbol, rap, reguetón. Las sandalias de plástico y piel falsa y el calzado con cinco dedos, ‘Five Fingers’ con suela de goma, son las favoritas. Su alta costura está al alza. Kim Kardashian recientemente vistió de negro, tipo ‘black block’ o ‘dementor’, una criatura inquietante de Harry Potter. Contemplé la Eiffel, oda al hierro, desde la terraza, vacía, del Chez Francis, cocina francesa. La especialidad es ‘tartar’ de carne de vacuno cortada a cuchillo con pepinillo, chalota, alcaparra, perejil. Las patatas fritas, tan delicadas, se comían a manojos.

Y encontré a México. En la exposición de los Olmecas en el recinto Quai Branly, con un jardín vertical bellísimo. En el barrio de Belleville, en grafiti y carteles como sellos postales: Frida, boxeadores, vendedoras de flores. También entre las acuarelas de Nicolas de Crécy en la ‘Art Paris’, feria de arte contemporáneo en el Gran Palais Èphémère. El reconocido artista francés de cómic y manga enamora con sus trazos de la colonia Roma, Chapultepec. Hizo una guía de viaje para Vuitton. En un barrio árabe comí cuscús argelino con cordero cocido en caldo, verduras. Sin grasa. Caminé hacia la Ópera de París, que inspiró el Fantasma de la Ópera y me topé con el mítico Café de la Paix y el mil hojas caramelizado al minuto. Un clásico. En Montparnasse pasé por las Catacumbas; el cementerio del siglo XVIII a 20 metros de profundidad. Entré a La Coupole, una brasserie, templo art déco con un gran salón de baile que evoca a Josephine Baker y Georges Simenon dándolo todo. La especialidad son las ostras de Normandía, Arcachon, Bretagne. El viaje, fantástico. París, vibrante y sin perder garbo ni savoir faire. Agur!

Fotos: Cortesía Leonora C.

> Edificio vestido en Dior.
> La Eiffel, oda al hierro.
> El ramo de tulipanes, la obra de Koons.
> El Sena, siempre ahí.
 
>El Louvre vacío.
 >Belleza  contemporánea.
>Cartel de sello mexicano.
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