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Isla de bobos

AKANTILADO

Cuando la historiografía se limita a reunir datos y fechas, sin relatar, abdica del género que le da sentido como escritura: la narrativa. Sin narración, no hay hecho histórico. Únicamente a través del lenguaje y la palabra, del discurso pues, cobra sentido un episodio de la Historia. El relato, con sus diversas técnicas, humaniza los acontecimientos y tasajea la ilusoria objetividad científica pretendida por los historiadores que han renunciado a contar, a inmiscuirse como sujetos. En el Siglo 19 la novela fue considerada como un espejo de la realidad; en nuestros días, el novelista no se conforma con reflejar una situación, sino que la interviene, la ficcionaliza. "La historia se inventa, los hechos se imaginan, escribió Carlos Fuentes.

En Isla de bobos, una novela de 2008 que este año reaparece bajo el sello de Ediciones Era, Ana García Bergua (Ciudad de México, 1960) narra, en forma admirable, la aventura de una guarnición militar mexicana que en 1906 se estableció en una inhóspita roca del Pacífico para defender un pedazo de soberanía extraviado en los mares de la patria, a unos mil kilómetros de la costa. Los heroicos soldados recibirían cada cuatro meses una embarcación con alimentos y enseres para su supervivencia. Sin embargo, el destino, maldito como él solo, quiso que comenzara la revolución en el país y fueran abandonadas a su suerte, en 1914, unas 100 personas que "habitaban" la isla: entre soldados, mujeres y niños. La mayoría enfermó y murió de escorbuto. Otros, en su intento por regresar, fueron atrapados por violentas olas y devorados en una fiesta de tiburones. Al final quedaron cuatro mujeres, siete niños y el farero: un negro enloquecido que hizo de la isla su reino para violar y asesinar durante más de un año.

Novelando una parte trágica de nuestra historia, García Bergua "trenza", con sobrada pericia, la ficción con los hechos históricos ocurridos a principios del Siglo 20 en la Isla de Clipperton o Isla de la Pasión. Literariamente, a Isla de bobos le antecede la novela La Isla de la Pasión (1989), de la escritora colombiana Laura Restrepo. Pero, mientras Restrepo escribe algo más cercano al documento, a la novela decimonónica que no se despega mucho de la realidad, ni siquiera en los nombres de los personajes, García Bergua relata, imagina, e inventa con mayor audacia estética.

Desde el título de la novela acierta, pues Isla de bobos evoca no sólo a los pájaros llamados bobos que inundan la isla, sino la ingenuidad de un capitán (Raúl Soulier) y su esposa (Luisa) que supusieron un pacto social con los demás soldados, el salitre, los cangrejos, los tiburones, las corrientes marinas, en fin, con el entorno de una isla indómita. Escribe Luisa a Raúl: "Imagínate, tú y yo, como una pareja de Robinsones, o mejor aún, como Adán y Eva, reinaremos juntos en aquel lugar paradisíaco, bajo el sol y a la sombra de las palmeras, educando a nuestros hijitos, a los soldados, a la gente de la isla, inculcándoles el mundo ideal que tú y yo soñamos, la música que tanto te gusta, las poesías, la historia de México y el mundo". Románticos, ignoraban ambos la tragedia que los esperaba. El ensueño del héroe y su princesa se transformaría en un irrespirable "desierto orlado de olas". Paredes de agua que impedían mirar la tierra de un país convulso.

Ana García Bergua, autora de novelas como El umbral (1993) y Rosas negras (2004), hizo de Raúl Soulier un personaje entrañable en el sentido más literal del término: íntimo, hondo hasta las entrañas. Es un personaje que transmite la ebriedad del honor por el que se juega la vida y un romanticismo utópico que lo convierte en una especie de Fitzcarraldo que anhela domeñar la isla y a sus habitantes con música, literatura, idiomas. Como hijo de franceses, quería llevar la civilización que lo había formado. Pero las ilusiones quedaron enterradas entre el salitre y el guano de los bobos.

Isla de bobos es la imagen de un encierro voluntario por la libertad y la patria; una gran historia. Es también una novela muy visual. Uno mira la isla, su arena, su playa, las olas que la aprisionan, los pájaros…

@IradNieto