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Izquierdas divididas, sin generosidad y grandeza

ITINERARIO POLÍTICO

La reforma energética que aprobó el Congreso en el ocaso de 2013 —que reformó los artículos 27 y 28 constitucionales—, terminó por derrotar y en algunos casos aplastar a las "izquierdas mexicanas" —PRD, PT, MC y Morena—, al grado que hoy esos partidos políticos viven uno más de los ciclos de su recurrente crisis.

Y es que contra todos los pronósticos, cuando el PAN y el PRI pactaron la reforma energética —que se esbozó en el Pacto desde el nacimiento de esa concertación—, las izquierdas se percataron aterradas de que a sus bases poco o nada les importó el discurso dogmático "del PRIAN entreguista" y la supuesta "venta de Pemex".

La realidad demostró que todas las fuerzas de izquierda habían perdido su principal bastión de lucha: la calle. Y es que a la convocatoria de los jefes del PRD, de Morena, PT y MC, contra la reforma energética, no acudieron, en el mejor momento, ni tres mil personas. En cambio, diputados y senadores de esas izquierdas regalaron "al respetable" uno de los más tristes espectáculos de toda democracia que se respete: negaron el intercambio de ideas, el diálogo y el debate.

Al final —y luego del feo espectáculo mediático—, el acuerdo y la negociación de la reforma energética resultó uno de los procesos menos complejos del paquete de enmiendas constitucionales logradas en 2013 y, por si hiciera falta, la reforma resultó impecable en su proceso legal. Y podrán decir misa los políticos de las izquierdas, pero lo cierto es que si en las reformas constitucionales no lograron la unidad, menos será posible el proceso unificador en las leyes reglamentarias.

Por eso son ridículos los llamados de Jesús Zambrano, líder del PRD; del jefe de sus senadores, Miguel Barbosa y del ex jefe de gobierno, Marcelo Ebrard, quienes hacen lastimosos llamados a la unidad de las izquierdas para crear un frente común contra la reforma energética y sus leyes reglamentarias.

Ahora resulta que Zambrano, Barbosa y Ebrard llamaron al dueño de Morena, al señor López Obrador, para sumarse a quién sabe qué causa que pretende echar abajo no sólo la reforma a los artículos constitucionales 27 y 28, sino la ley reglamentaria que empezará su discusión en semanas.

¿Pero por qué resulta ridículo y hasta grosero el llamado unificador de las izquierdas? ¿Por qué no sorprende a nadie que AMLO "mandara al diablo" los llamados unificadores? ¿Por qué razón, en el nuevo siglo mexicano, pocos ciudadanos toman en serio el emblemático grito de lucha; "¡la izquierda, unida, jamás será vencida!"?

La respuesta es elemental: porque las mujeres y los hombres de las llamadas izquierdas mexicanas no conocen la generosidad y menos la grandeza políticas. No saben qué es la generosidad política y la grandeza de un político, a pesar de que las izquierdas de hoy son producto de uno de los más formidables actos de generosidad y grandeza política en décadas.

Nunca entendieron —las mujeres y los hombres de izquierda—, que el último acto de generosidad y grandeza visible en las izquierdas se produjo hace casi 25 años, cuando ese visionario de la izquierda mexicana que fue Heberto Castillo declinó su candidatura presidencial en favor de Cuauhtémoc Cárdenas; cuando puso su partido al servicio del Frente Democrático Nacional y cuando gracias al PMT se creó el PRD.

La izquierda mexicana —en palabras de Octavio Paz— "era una minoría que jamás se habría convertido en lo que hoy es sin una escisión del PRI" (Vuelta #248, julio de 1997). Y el científico y político que en 1988 lo vio de esa manera se llama Heberto Castillo, sin cuya generosidad y grandeza hoy la izquierda no sería lo que llegó a ser.

Desde entonces, la izquierda agrupada en el FDN y luego en el PRD ha sido la casa de la discordia, la mezquindad y la ruindad. En 1996, por ejemplo, Cárdenas y AMLO conspiraron para impedir la presidencia de Heberto Castillo en el PRD; durante años Cárdenas impidió la candidatura presidencial de Porfirio Muñoz Ledo. En el año 2000 López Obrador puso en marcha "el parricidio" político que mató a Cuauhtémoc Cárdenas —su padre político—, y a sus hijos de la política, como Rosario Robles.

Desde el nacimiento del PRD, Cárdenas y AMLO bloquearon a "Los Chuchos" para escamotearles la dirigencia. En 2006, Carlos Monsiváis apaleó a Patricia Mercado por no claudicar a favor de López Obrador, pero en 2012 AMLO nunca se retiró a favor de Marcelo Ebrard.

Lo cierto es que hoy la unidad en las izquierdas es imposible. Lo será sólo gracias a políticos mayores. Y es que la de hoy es una izquierda de pequeños y ambiciosos sin límite. Por eso el nuevo eslogan es: "La izquierda, jodida, jamás será unida". Al tiempo. K