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Jalando la hebra.

PISTA DE DESPEGUE

Creo que la primer pregunta que despierta Borgman (Holanda, 2013), tras esa extraña y asfixiante media hora inicial, es quién diablos es Alex van Warmerdam, su director y guionista.

Bien, respondamos primero eso y luego intentaremos esclarecer de qué va Borgman.

Alex van Warmerdam (1952, Haarlem) ha estado activo desde 1977, año en el que realizó su primer cortometraje. Tras escribir algunas películas para televisión, el también actor y pintor debutó como director y guionista en 1986 con la película Abel, comedia negra en la que además interpreta al personaje principal, un hombre de treinta y tantos años que jamás ha salido de su casa.

Ya con esa primera incursión tras la cámara, van Warmerdam dejó claro que la familia es el tema sobre el que construiría sus películas. Repasando algunos de sus títulos entenderemos que su interés reside en buscar esa hebra que deshilachará completamente el entramado que sostiene a todos sus personajes. Hebras que, a pesar de lo caricaturesco o no de su propuesta, a pesar de lo extranjera o no que nos pueda parecer, sus situaciones y conflictos para nada nos resultará ajenos.

El ejemplo es Borgman, su octavo largometraje. Película sobre la que ahora gravita un aura fantástica.

La cinta inicia con tres personajes que dejan sus actividades cotidianas (un sacerdote, su ayudante y un granjero), para armarse e ir a la caza de un barbado hombre (Jan Bijvoet) que vive en medio del bosque en una especie de madriguera subterránea. El personaje alcanza a huir y así va a parar a las puertas de una lujosa casa en un también lujoso vecindario.

Luego de que sus peticiones de hospedaje son rechazadas una y otra vez por la cabeza de la familia (Jeroen Perceval), el extraño, que ya sabremos que se llama Borgman, aprovecha la ausencia matutina del recio hombre para convencer a su mujer (Hadewych Minis) para que le permita bañarse, le de comida, ropa y le muestre un escondite que esté en su propiedad.

Y ya instalado en su nuevo escondite, Borgman comienza a destruir a la familia a la que ahora parasita sin mostrar jamás algún sentimiento y con la ayuda de unos personajes quizá más extraños que él mismo.

Que la cinta inmediatamente nos haga pensar que estamos ante un experimento por mezclar el home invasion con cierta carga surrealista y hasta con guiños de la comedia de situaciones, para nada debe asustarnos. En Borgman hay lugar para recordar al Luis Buñuel de El Ángel Exterminador o al Claude Chabrol de La Ceremonia, y hasta podemos emparentarla con lo logrado hace algunos años en Canino, del cineasta griego Giorgos Lanthimos. Conforme se van desarrollando los eventos y conforme vamos desconociendo más y más qué es (o qué representa) ese personaje llamado Borgman, mayor es el disfrute que tendremos de la cinta.

Alex van Warmerdam logra sortear todos las tentaciones por racionalizar a su trama y a sus personajes, así que tenemos carta abierta para perdernos, de querer, en debates sobre la naturaleza de ese extraño hombre que tanta influencia tiene en todo aquel que cruza en su camino. Personaje que se rodea de tan peculiares personajes y que solo puede entrar en tu casa si tú se lo permites.

Personaje que, vaya, si recordamos el inicio de la cinta, al parecer solo puede ser detenido (¿destruido?) gracias a una estaca metálica.

@duendecallejero