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Opinión

Mujeres visibles

JESÚS IBARRA RAMOS

Por Jesús Ibarra Ramos

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audima

Te has puesto a pensar por qué se toma como referencia universal el modelo masculino para diseñar y edificar un instrumento musical, un automóvil, las máquinas para hacer ejercicio, un teléfono celular, los estudios cardiovasculares o simplemente la no inclusión de la economía doméstica en el PIB.

En un mundo que comenzó con una enorme brecha entre hombres y mujeres, donde el patriarcado y el sesgo han hecho un campo hostil e incrementado el riesgo de muerte para las mujeres, escritoras como la británica Caroline Criado Perez demuestran con datos rigurosos y evidencias empíricas en su libro “La mujer invisible” que vivimos en un planeta construido por y para los hombres, una investigación que le otorgó en 2019 los premios Royal Society -mejor libro de ciencia- y el Financial Times -libro del año-.

Con ejemplos sorprendentes, la autora demuestra que el pensamiento masculino es la referencia, y las mujeres sin percibirlo son discriminadas. Sabías que una mujer tiene un 47% más de probabilidad de sufrir lesiones graves en un accidente automovilístico, también un 50% mayor de probabilidad de que se le diagnostique equivocadamente un ataque al corazón, un 50% más de riesgo que los hombres de sufrir una lesión por tocar piano -aunque usted no lo crea-. Cómo explicar que sólo el 37% de las mujeres participa en estudios de insuficiencia cardiaca y un 19.5% para VIH. Ni que decir del uso y aplicación de medicamentos durante el periodo de menstruación.

Algo verdaderamente incomprensible y que Caroline Criado denomina brecha de perspectiva, es el no incluir la variable de la economía doméstica en el PIB, actividad mayoritariamente operada por mujeres y considerada como gratuita, que a nivel global tendría un impacto de 10 trillones de dólares en el PIB anual, en México alcanzaría un valor de 6.4 billones de pesos -equivale a 27.6% del PIB- reconociendo que las mujeres por este concepto aportan 2.7 veces más valor económico que los hombres. 

La igualdad sanea economías. Un estudio de la OCDE comprueba que la participación de la mujer en asuntos públicos tiene un impacto positivo en las leyes que se aprueban y en la infraestructura. Pero, ni siquiera en los países nórdicos se supera en 50% la representación de las mujeres en puestos públicos, mucho menos en los países subdesarrollados. 

Invertir en el empoderamiento económico de la mujer contribuye a erradicar la pobreza, la igualdad de género y crecimiento económico. Sin embargo, se requiere compatibilidad entre su poder social y profesional. Los datos no mienten, ellas producen el 66% del trabajo mundial, el 50% de los alimentos, pero únicamente ganan el 10% del ingreso mundial y solo son dueñas del 1 al 2 % de las propiedades. 

Si queremos tener un impacto real en el sector público y privado, es importante recopilar mejor los datos, cambiar el proceso, dejar atrás el pensamiento individual, considerar la diversidad al momento de contratar al personal y entender que los equipos sin mujeres tienen mayor probabilidad de cometer errores al tomar decisiones, edificar o diseñar. 

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