Opinión

COVID-19, desempleo e inseguridad

RAZONES

Por  Jorge Fernández Menéndez

En el mes de marzo, ya en plena emergencia sanitaria, hubo dos mil 585 asesinatos. El sábado pasado, el 28 de marzo, cuando ya estábamos en fase dos y se había decretado el confinamiento voluntario en el país, fue el día más violento del mes: hubo 102 asesinados.

Ese mismo fin de semana en algunas zonas del país, como en Celaya, la violencia fue terrible, con ataque a bares y otros establecimientos comerciales. En Tamaulipas, luego de un violento enfrentamiento, caía Hugo Alejandro Salcido, el jefe de la llamada Tropa del Infierno, brazo armado del Cártel del Noreste y uno de los personajes más violentos del mundo del narcotráfico. El lunes, en Veracruz, cuando ya había en el estado 26 casos reconocidos de COVID-19 y por lo menos un muerto, fue asesinada la periodista María Elena Ferral. Mientras tanto, en municipios conurbados del Estado de México y en algunas alcaldías de la capital se repetían los intentos de saqueos a tiendas y supermercados, organizados por grupos criminales convocando, por redes sociales, a la gente a participar en ellos.

Si el coronavirus ha provocado un crisis sanitaria y económica, no podemos olvidar que ya estábamos en una profunda crisis de seguridad que se agudizará con las consecuencias inevitables de la pandemia. El fiscal nacional antimafia de Italia, Federico Cafiero de Raho, declaró al Corriere della Sera, que “la crisis de liquidez que embiste un enorme número de familias representa una formidable oportunidad para la mala vida. Ahora que muchos estratos de la sociedad han perdido sus fuentes de ingresos en sectores obligados al cierre forzado, quien ha acumulado tanto dinero, comenzando por los narcos, tiene un poder inmenso. Pueden ofrecer dinero y trabajo a personas que lo han perdido todo por la epidemia”. Se estima que las diferentes organizaciones mafiosas italianas (son básicamente tres: la siciliana, la napolitana y la calabresa con ésta, la ‘Ndrangheta, como la más visible y violenta hoy en día) controlan sobre todo en el sur del país cerca del 19 por ciento de las economías locales.

El escenario en México es muy similar. Es verdad que en plena emergencia sanitaria algunas de las operaciones del crimen organziado se podrán ver paralizadas por la propia dinámica social, pero lo cierto es que cuenta con recursos para poder volver a operar y para apropiarse, vía la compra, la violencia o la corrupción, de vastos espacios, de empresas y personas en el contexto de la crisis.

Por otra parte, la falta de liquidez, el empobrecimietno general, le facilitará las cosas, al tiempo que sus estamentos más bajos, afectados ellos también por la crisis, intensificarán en lo posible su operación en ámbitos de la delincuencia común.

Ese escenario ya está entre nosotros. El grave error que se está cometiendo al negar el apoyar el apoyo al aparato productivo ante la crisis (el presidente López Obrador volvió a reiterar ese rechazo el día de ayer, confundiendo otra vez respaldos fiscales con rescates o condonaciones fiscales) agudizará ese escenario. 

El problema no se resuelve, como no se ha podido resolver en el último año y medio, con los apoyos sociales que entrega el gobierno federal. Esos son progrmas asistenciales, útiles y necesarios pero no pueden reemplazar el salario de un trabajador, de un empleado, de un comerciante, de un profesional independiente, tampoco el de un obrero industrial. Tampoco reemplaza el ingreso de un delincuente. 

En Estados Unidos, donde hay seguro de desempleo y donde cada hogar recibirá unos dos mil 500 dólares mensuales extras durante la crisis sanitaria, la semana pasada ya tres millones de personas habían solicitado el seguro de desempleo. En nuestro país serán millones los que perderán su fuente de ingresos, con la diferencia de que no tendrán ningún apoyo, porque no participan siquiera en los programas asistenciales del gobierno. 

El gobierno federal dice que habrá un millón de microcréditos para changarros, para tianguis, comercio informal y muy pequeñas empresas, pero olvidan que la enorme mayoría de los puestos de trabajo formales dentro de la economía, están en pequeñas y medianas empresas, en trabajadores independientes, que no tendrán apoyo alguno y a los que se les exige pagar con oportunidad sus cargas fiscales para, paradójicamente, entregar apoyos a quienes viven y trabajan en la informalidad. De allí se alimentará la criminalidad. Si no fuera terrible sería ridículo, pero lo cierto es que ese ejército de desempleados  terminará siendo la carne de cañón del crimen, organizado o no.

La ideología impide ver la realidad y considerar las consecuencias del presente en el futuro inmediato. La crisis sanitaria, la económica y la de seguridad van de la mano y el manejo político, presupuestal y económico del gobierno federal está, lamentablemente, aportando a la profundización de las tres.

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