Opinión

Doce años de crisis

RAZONES

Por  Jorge Fernández Menéndez

Hace doce años estalló, un 15 de septiembre de 2008, la mayor crisis económica que había vivido el mundo desde la de 1929, sólo superada por la que estamos viviendo a causa de la actual pandemia.

El mundo del 2008 era muy diferente al de hoy. La crisis financiera  fue el epílogo del gobierno de Bush Jr. y la antesala de llegada de Barack Obama que significó una oleada de esperanza global que nunca se transformó en una realidad. Pero esa crisis que fue terriblemente mal procesada en Europa, terminó engendrando también, ante lo que se calificó como el gran fracaso del capitalismo global, una ola populista que aún hoy está asolando a buena parte del mundo, incluyendo Estados Unidos.

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La crisis del 2008, fue efectivamente global y derivada de una ola especulativa inédita, sobre todo con hipotecas, que quebró bancos e instituciones financieras, que endeudó países y destruyó economías. En ese sentido es diferente a la que vivimos hoy con la pandemia. La actual crisis, en la mayoría de los grandes países, provocó grandes pérdidas económicas y caídas del PIB históricas pero no destruyó, cuando se adoptaron medidas correctas para evitarlo, las economías y la infraestructura financiera y comercial. 

En realidad, las grandes empresas no fueron destruidas por la crisis actual, sufren porque se cerraron las economías y con ello el consumo durante demasiados meses. Por eso los programas de apoyo a las empresas, algo que no hemos entendido en México, han sido tan importantes e intensos en la mayoría de las naciones, desde Estados Unidos a la Unión Europea, desde Canadá hasta Chile. La idea es que invirtiendo en esos apoyos se daba un respaldo para sortear los tiempos de confinamiento económico y pasado éste estaban las condiciones dadas para poder recuperar el crecimiento porque no había existido una destrucción económica real: la infraestructura y las empresas, lo mismo que el capital financiero, estaban preservados. Eso permitirá a los países que lo hicieron tener una recuperación económica mucho más rápida.

En México la actual administración no lo entendió así y se dedicó a respaldar con apoyos directos sólo a las familias más pobres. Sin duda ese apoyo es valioso, pero en términos económicos no alcanza ni remotamente para cuidar a las empresas, preservar empleos y permitir una rápida recuperación. 

No se reclama un rescate económico, ni recomprar empresas, ni tampoco un nuevo Fobaproa, sino un respaldo como para salvaguardar a empresas pequeñas, medianas y grandes, y por ende a sus empleos, para financiar el periodo de cierre y confinamiento de las economías. No se hizo así y nuestra economía ha terminado sufriendo mucho más de lo que era necesario, con un cierre definitivo de muchas empresas, sobre todo pequeñas, una pérdida de fuentes de empleo notable, y una recuperación que será lenta y tortuosa, sobre todo para los sectores de las economía que no están atados al crecimiento de la Unión Americana.

Se podía haber aprendido de la experiencia de la crisis de 2008-2009 que también estuvo acompañada por la epidemia del H1N1, cuando se impulsó un gran programa de apoyo que no fue ni un Fobaproa ni condonó impuestos, pero que salvó empresas y puestos de trabajo de una forma notable y mantuvo a flote la economía nacional.

Hoy se podrían haber tomado, todavía estamos a tiempo pero nada de eso está contemplado en el paquete económico del 2021, muchas de las medidas que se adoptaron en la crisis de 2008-2009.

¿Qué se hizo entonces? Lo recordábamos aquí el pasado 12 de marzo. En política fiscal, se incrementó en más de un punto del PIB la inversión en infraestructura; se establecieron descuentos en pagos provisionales de ISR y IETU, y en cuotas patronales del IMSS. Se aceleró el gasto aprobado. Se congeló del precio de las gasolinas. Disminuyó el precio de la electricidad en la tarifa comercial e industrial y también del gas LP. Se incrementó el Programa de Empleo Temporal.

En política hacendaria se incrementó el financiamiento a la vivienda. Se flexibilizó el régimen de inversión de las Siefores. Aumentó el financiamiento de la banca de desarrollo. Se permitió el acceso a su cuenta del Infonavit para aquellos que perdieron su empleo. Aumentó el beneficio por desempleo en la cuenta del SAR.

Además, se bajaron las tasas de interés. Se aumentaron las coberturas cambiarias (como se ha hecho ahora) y se estableció una clara simplificación arancelaria.

Una política anticíclica acertada que no necesitó de un Fobaproa ni de condonar impuestos. Para este tipo de emergencias está el Estado, para dar esos apoyos e intervenir de esa forma en la economía. No hay neoliberalismo más crudo y duro que en medio de una crisis el Estado se desentienda de sus obligaciones y deje que las empresas y trabajadores queden a merced de un mercado inclemente.

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