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Opinión

El fentanilo, los Chapitos y el Menchito

RAZONES

Por Jorge Fernández Menéndez

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El endurecimiento de la relación de la Casa Blanca con México comenzó desde la crisis migratoria, pero luego tuvo dos momentos clave: el levantamiento de Culiacán y el asesinato de las mujeres y niños todos de nacionalidad estadounidense, en La Mora. Viene otro momento decisivo, más aún con la visita del procurador William Burr: la decisión de extraditar o no a Rubén Oseguera, el Menchito, el hijo de Nemesio Oseguera. Y todo, de una forma u otra tiene relación con el fentanilo.

Es la droga que cambió todo, el tipo consumo y de consumidores, la droga que convirtió al negocio del narcotráfico en algo mucho más violento, más mortal, más rentable. El fentanilo y otro opiáceos, generan unos 60 mil muertos por sobredosis cada año en EU. El efecto del fentanilo es cien veces superior al de la heroína y la dosis para consumirlo es mínima. Una dosis de fentanilo, en polvo o en pastilla, debe ser de 0.5 a 1.5 miligramos, cualquier cantidad superior a esa se considera mortal. Como esas pastillas y ese polvo se producen en condiciones precarias, las muertes por fentanilo crecen geométricamente. 

La diferencia entre el fentanilo y la heroína se da también a la hora de las utilidades: para generar heroína se producen por hectárea sembrada hasta 15 kilos de goma de opio, en la que unas 118 mil plantas de amapola tardan en crecer unos tres o cuatro meses. De cada ocho kilos de goma de opio se puede sacar un kilo de heroína y la utilidad neta es de 80 mil dólares por kilo. Pero de cada kilo de hidrocloruro de fentanilo, luego de un proceso de apenas dos horas, se sacan 20 kilos de fentanilo para la venta ilegal. La utilidad de cada kilo de fentanilo es enorme, y oscila entre un millón 280 mil dólares y un millón 920 mil dólares. 

En apenas dos, tres años, los cárteles mexicanos se han especializado en el tráfico de fentanilo.

Lo importan de China. La ruta más importante que se ha descubierto es una que sale del puerto de Quindao, en China, pasa por el puerto de Busan, en Corea del Norte y llega al puerto de Manzanillo, en Colima. Manzanillo tiene una capacidad de movilización de más de dos millones de contenedores anuales y recibe miles de contenedores diarios de Shanghai, Singapur, Hong Kong, Shenzhen, Buscan y muchos otros puertos del Pacífico. Los paquetes con fentanilo puro, muchas veces son de apenas diez, 20 kilos, casi imposibles de detectar. Es incoloro, blanco e inoloro.

Manzanillo es uno de los centros de operaciones del cártel Jalisco, pero también una plaza que ha trabajado durante años el cártel de Sinaloa. La confrontación y violencia que vive Colima tiene relación directa con este fenómeno.

Una vez que el fentanilo llega al país se lo procesa en laboratorios clandestinos. Pero la otra gran diferencia es que para producir fentanilo no se necesitan grandes laboratorios, olorosos y muy contaminantes como para la heroína o drogas sintéticas. Se puede producir en las ciudades, el equipo y el espacio que se requieren son mínimos. 

El tráfico de fentanilo comenzó a ser investigado en México apenas en 2017 y se han descubierto ya varios laboratorios. El primero de importancia fue uno que dirigía Li Chun Chiang (de origen taiwanés pero de nacionalidad mexicana), detenido el 9 de mayo de 2019 en Culiacán. Poco después, el 31 de mayo, fue descubierto otro laboratorio, éste en Guamúchil, Sinaloa, lo dirigía Édgar Urquidez Acuña. Semanas después se lo dejó en libertad. Pero el 14 de agosto cayó, también en Culiacán, otro laboratorio, que dirigía Abel Martínez Zambada con más de dos mil pastillas y equipo de producción.

La caída de esos laboratorios permitió descubrir como establecían la dosis que debía contener cada pastilla de fentanilo. Como la dosis máxima es muy baja, apenas 1.5 miligramos, iban probando su producción con indigentes que recogían de las calles. Si morían, se habían pasado del límite, y lo iban ajustando hasta que alguno de los que consumían la droga sobrevivía y a partir de allí producían toda una partida. Un macabro mecanismo de prueba y error.

Todo esto viene a cuenta porque los laboratorios de fentanilo en Culiacán los manejan Iván y Ovidio Guzmán, los hijos del Chapo. Esos golpes contra los laboratorios explican, junto con el intento de detención con fines de extradición de Ovidio, la reacción en Culiacán el 17 de octubre pasado.

El tráfico de fentanilo explica también las rutas de la violencia y hechos como la disputa entre La Línea (cártel de Juárez) y los Salazar (cártel de Sinaloa) en el territorio donde fueron asesinados los LeBaron, o el intento de toma de Villa Unión, en Coahuila, por el cártel del Noreste.

También explica el interés de Estados Unidos por Iván y Ovidio Guzmán, o por el Menchito, del CJNG. Eso explica el endurecimiento de la relación. 

Por cierto hoy haremos presentación de la nueva edición revisada y ampliada 2019, del libro Nadie supo nada, la verdadera historia del asesinato de Eugenio Garza Sada. Me acompañará mi amigo Leonardo Curzio. La cita es 12 hs en el stand de Círculo Editorial Azteca, en la FIL de Guadalajara.

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