Opinión

Una diplomacia estilo 4T

RAZONES

Por  Jorge Fernández Menéndez

El mismo día en que México era electo como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, el presidente López Obrador se lanzó, gratuitamente, contra la empresa española Iberdrola (con mucho una de las más importantes de ese país, con amplia presencia internacional) a la que acusó de montar una campaña nacional e internacional contra su gobierno, acusó al periódico español El País, sin duda uno de los más influyentes del mundo, de ser parte de esa campaña y terminó criticando al gobierno de España por no procesar por corrupción nada menos que al rey Juan Carlos. 

¿Se imagina usted qué hubiera pasado y cuál hubiera sido la reacción del presidente López Obrador si el presidente de gobierno de España, Pedro Sánchez, hubiera acusado a Pemex, que tiene inversiones en España, o Carlos Slim, uno de los muchos empresarios mexicanos con fuertes inversiones en ese país, de estar detrás de un complot para derrocarlo, a los medios mexicanos de estar pagados por esa empresa y si hubiera dicho que la demostración de la corrupción del gobierno de México era que no se ha procesado penalmente a ningún ex presidente? Aquí, sería un escándalo. Ese tipo de expresiones vulneran las relaciones internacionales de un país, y hacerlas cuando se gana un escaño en el Consejo de Seguridad parece ser todo menos aconsejable

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Ayer, el presidente también señaló cuáles serán los principios que tendrá México en el Consejo de Seguridad de la ONU. Cumplir, dijo, con los cuatro derechos fundamentales proclamados por el presidente Roosevelt: derecho a la libertad de palabra, a la libertad de culto, a vivir libres de miedos y temores, y libres de miseria. Segundo: promover la cooperación para el desarrollo sustentable, que entiende como que las naciones ricas y los organismos financieros internacionales apoyen a gobiernos y pueblos pobres a combatir el hambre, epidemias, evitar el racismo, el clasismo, el sexismo, la xenofobia y la discriminación. Que se ayude con programas e inversiones a evitar la migración y que en ningún conflicto se utilice la fuerza y se imponga el poder hegemónico de las potencias. La política exterior mexicana, dijo, está basada en los principios de autodeterminación y la no intervención, el respeto de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

Más allá de que varios de esos principios se vulneran internamente (como el del desarrollo sustentable y el apoyo a las energías limpias) e internacionalmente con expresiones como las dirigidas contra España que señalábamos, la pregunta es si eso se aplicará, por ejemplo, a los casos de Venezuela o de Cuba, o incluso a la relación con Trump. ¿Se condenará a Venezuela, a la que el presidente dijo que le podría vender combustible ante el bloqueo internacional que sufre precisamente por la violación de los derechos humanos y la inexistencia de esas cuatro libertades que postulaba Roosevelt y que hace suyas el presidente López Obrador: derecho a la libertad de palabra, de culto, a vivir libres de miedos y temores, y libres de miseria? Porque los principios están muy bien, pero luego en política internacional hay que decidir sobre cuestiones muy concretas y hay que alinearse con base a intereses muy específicos. El presidente López Obrador ha dicho muchas veces que la mejor política exterior es la interior, pero comprobará ahora en la ONU que poco tienen que ver una con la otra, cuando se tienen que tomar decisiones trascendentales en el plano global.

Les pasó a Vicente Fox que terminó protagonizando un episodio desconcertante cuando México era parte del Consejo y se debía votar la intervención en Irak. El representante en la ONU, Adolfo Aguilar Zínser, era partidario de votar en contra y el canciller Jorge Castañeda estaba por apoyar al gobierno de Estados Unidos. Los dos funcionarios no pudieron ponerse de acuerdo y el presidente George Bush Jr. llamó directamente al presidente Fox. Este no le dijo ni que sí ni que no, pero le dijo que lo consultaría y le respondería inmediatamente. Pasaron las horas, se acercaba la votación y Bush no podía volver a hablar con Fox ni éste le regresaba la llamada.

Después se supo que Fox había decidido operarse de la columna (era una operción programada), se incomunicó, y nunca le explicó el sentido de su voto a Bush. México votó por el no en el Consejo. La relación con Bush se deterioró en forma irremediable más que por el voto, por el engaño. Y comparado con Donald Trump, Bush jr. era un un presidente muy moderado en temas internacionales.

Por cierto, dijo Marcelo Ebrard que el puesto en el Consejo de Seguridad era un reconocimiento a las ideas del presidente López Obrador. No es así, es la quinta vez que México es miembro del Consejo de Seguridad: es un reconocimiento a un país y su influencia regional, no a un mandatario, no lo es para López Obrador como antes no lo fue para Vicente Fox o para Felipe Calderón, en las dos últimas ocasiones en que México fue miembro del Consejo.

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