Opinión

La religiosidad popular en la construcción de identidades culturales en la región del mayo

FARAFARA

Por Jorge Guadalupe Pacheco

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La religiosidad popular hace hincapié en la consideración de los símbolos y las expresiones del fenómeno religioso en todo tipo de construcciones culturales presentes en región del mayo, la importancia de la religiosidad popular en la vida cotidiana y en la construcción de las identidades culturales individuales y colectivas. 


Me refiero a las fiestas tradicionales dedicadas a santos, vírgenes y muertos, las devociones, las apariciones milagrosas, la simbiosis entre el catolicismo popular y el espiritismo, el sincretismo indígena, cuyas tradiciones están repletas de divinidades con características rituales de la época prehispánica. 


Es un gran alimento a nuestro espíritu vivir la religiosidad desde un enfoque popular que fortalece nuestra identidad y permite reconocer los lazos históricos que existen en la cultura prehispánica y actual, con la finalidad de revalorar cada expresión que observamos en la cotidianidad de la Fe y las manifestaciones por estar en constante comunicación con nuestro creador, así como el universo mismo. 


Vivir la religiosidad en nuestro contexto, es vivir un sustrato de perspectivas vitales que no deben ser despachadas como sentido común o supersticiones propias de la ignorancia iletrada. 


La creación o recreación del imaginario religioso popular contiene interpretaciones doctrinales más o menos aprendidas de la fe cristiana, pero interpretadas o mezcladas con otras creencias y adaptadas a la vida cotidiana tanto individual como colectiva. El resultado es una visión de mundo compartido frente a la cultura hegemónica. 


Los símbolos popularizados expresan la vida cotidiana en sus preocupaciones principales, el dolor o la pobreza, la alegría o la tristeza, la pérdida o el encuentro tienen espacios y tiempos culturales propios en el imaginario popular. 


Hay deseos de exorcizar el mal y promover el bien, el pasado es conjurado en el presente para abrir paso al futuro siempre esperado y expuesto a las bendiciones de la divinidad singular o plural. Cada lugar popular puede transformarse en sagrado la virtud de la voluntad popular religiosa.


Como sabemos, la cultura indígena ha contribuido culturalmente en la religiosidad popular del área urbana, podemos apreciar en cada manifestación religiosa una apasionada influencia que se exalta en las peregrinaciones, la música, el colorido de las fiestas, la cohesión social a partir del santo patrono de cada pueblo de la región del mayo. 

En nuestra región del mayo a lo largo del año se festejan en las distintas comunidades fiestas y tradiciones ligadas a la religiosidad popular, considerando estas manifestaciones un área de oportunidad para enriquecer nuestra cultura.
En tales fiestas patronales se propicia la convivencia social, en las cuales apreciamos verbenas populares donde se vende antojitos mexicanos, ricos sabores de la gastronomía regional, programas culturales y por su puesto la praxis de la fe, creando así armonía y un espacio de intercambio de paz y equilibrio social.


Mucho se ha escrito de la identidad del mexicano, ha sido difícil definirnos como nación unida y a pesar de nuestros contrastes culturales, educativos, económicos y sociales si existe un punto de unión que no distingue raza, ni clase social: es la identificación con la Virgen de Guadalupe. Símbolo de encuentro entre todos los mexicanos, incluso entre los no creyentes. Su mensaje es de paz, de reconciliación, de solidaridad y de unidad.


En estos primeros 12 días de diciembre, podemos disfrutar de una de las tradiciones más mexicanas que nos define como un pueblo de fe, amor, solidaridad en nuestra cultura, con nuestro prójimo, una comunidad sensible donde instituciones, empresas, y la sociedad en general se insertan en la tradición guadalupana cobijándonos en una construcción que posibilita la identidad loca cohesionada en un mensaje de amor. 


Esperar con cariño y devoción sincera, con respeto y admiración profunda, cada transcurrir del tiempo, donde fluye cada latir, sentir del corazón nacional, donde la lluvia perfuma el caluroso día, los árboles sienten la historia de su pasado y las nubes rasgan el color del cielo, mientras los ojos vislumbran la belleza de la mirada de la Fe, en ese altar donde la sensibilidad de un pueblo fiel le canta horrándole con la voz del alma. 


El trabajado de cualquier fábrica, el empresario, la secretaria, los albañiles, los profesores, los boleros, el ama de casa, los estudiantes y por supuesto los niños, reconocen en la Virgen de Guadalupe a la Madre de Dios, y especialmente la quieren como Madre de todo este pueblo, por ello se le canta. 

Son muchos quienes año con año, con su voz le cantan alegremente a la guadalupana, con gran convicción, fe, devoción, entrega donde se construye un diálogo, las tradicionales mañanitas a la Virgen de Guadalupe, se convierten en un deber nacional, es la unión perfecta entre 1o místico, lo espiritual y la vida terrenal.
 
 

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