Opinión

1980: la noche más larga del beisbol mexicano

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

HUELGA.– Ayer, hace 40 años, el beisbol mexicano vivió la jornada más larga de su historia. La noche del 1 de Julio de 1980, un puñado de valientes peloteros expresaron de manera contundente su rechazo a la soberbia y prepotencia de una casta de directivos, y con ello forjaron el punto de quiebre para este deporte. Cuatro décadas después, haciendo un corte de caja, no hay espacio para determinar qué grupo salió “vencedor”, si es que el recuerdo permite asentar que son 40 años que fue la dignidad la que salió avante. Esa que no se vendió ni se sometió.

Dato no menos relevante es que en mayo de ese año se había creado la Asociación Nacional de Beisbolistas (Anabe), respuesta del gremio a las pésimas condiciones laborales (y, por ende, de vida) de ese entonces. Y fue ese esfuerzo de organización, endeble si se quiere, frágil, encontró su momento de ebullición en ese julio, en el cual, teniendo como sede el parque del Seguro Social de la ciudad de México, previo a lo que era entonces el clásico Tigres-Diablos, los peloteros se rehusaron a salir al terreno de juego. Desde su lugar de privilegio en el estadio, Alejo Peralta exclamaría el “esto no me lo hacen a mí”, la frase epitómica con la que iniciaría la feroz embestida contra los peloteros y con la cual diera pábulo a los muchos prejuicios preservados durante muchos años después. ¿Y qué más se podía esperar de quien solicitó años antes el ingreso del Ejército a las instalaciones del Politécnico Nacional? Una actitud caciquil, digna y muy propia del entonces dueño de los Tigres.

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MOVIMIENTO.- Para las nuevas generaciones, tal como parece serlo desde entonces para la propia LMB, la huelga de 1980 y la existencia de la Anabe puede ser algo que nunca pasó, que es un hecho creado para olvidarse de inmediato, sin reparar que se trata del evento más importante en los 95 años de existencia del circuito Más de 300 peloteros fueron desterrados de la liga, muchos de ellos para no regresar. Se les combatió, se les persiguió, se dedicaron esfuerzos y afanes por su aniquilación. La casta directiva de esos años pecó de feroz porque había como trasfondo el hecho de que en esos años el beisbol sí era negocio. Y nada más sacrificable que la mano de obra barata; el pelotero era mal pagado, mal tratado y poco respetado. La huelga de 1980 es historia de lealtades y traiciones. En la noche más larga para el beisbol de México, muchos grandes nombres ingresaron a la historia por la puerta de enfrente, pero, al mismo tiempo, muchos grandes personajes se cubrieron de ignominia luego de traicionar a su gremio. Lástima grande que muy pocos, escasos, sean los documentos que testimonien este pasaje de tanta relevancia para el deporte profesional de nuestro país.

MEDIOS.- Peralta y su claque no se anduvieron por las ramas, aprovecharon todos los medios a su alcance para acosar a los huelguistas y su digna lucha. En ese rubro, vergonzante fue la manera en que medios de comunicación y periodistas se empinaron para ser aliados en esa desigual lucha. El columnista que  recibiera como consigna buscar al líder anabista Ramón “Abulón” Hernández, a quien había calificado como ”víbora” en una columna, para que lo convenciera de ceder. Los muchos periodistas de la fuente que, agachados, recibían la instrucción de elaborar notas para crear la imagen de “revoltosos” a los peloteros a cambio del sobre de cada semana. Ante eso, la mala memoria, la creación de clichés y la falta de testimonios verídicos.

A cuatro décadas de distancia, a 40 años, suena “curioso”, por no decir irónico, que la LMB haya anunciado ayer la cancelación de su temporada 2020, justo para que se cite que el beisbolista sigue careciendo de  apoyo para este tipo de incidentes, que se encuentra en total desprotección por más que hoy, aparentemente, exista un mecenas que podría paliar la desgracia gremial. En el recuerdo, el tributo a la lucha, al decoro y a la dignidad. Y el desprecio para la soberbia y al intento de olvido. Los gestos de quienes encontraron en la soberbia del pasado la justificación del presente.

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