Opinión

Beisbol, entre Landis y Dostoyevski

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

Recuerdos. En la primavera de 1999, en las escalinatas de uno de los dogouts del parque Madero de Saltillo, nos topamos con la dupla Fernando Elizondo-Leo Valenzuela, con quienes surgió la charla que por obviedad tuvo como uno de sus temas a Culiacán. “¿Nos va a llevar el jefe para allá”, preguntaban aludiendo así a don Juan Manuel Ley, presidente de ambas organizaciones. Risueño, Valenzuela se adelantó a la respuesta: “a lo mejor no me perdona que le haya macaneado a su equipo campeón de 1978. Ese año lo mismo le di a Piña, al Huevo (Romo), a Monge, a Salomé (Barojas) que a Aurelio (López)”. Leo Venezuela siendo el Leo que muchos conocieron y respetaron. Un buen tipo, gente buena de beisbol, vivió para un deporte por el que mucho hizo y aportó durante muchos años. Seguro que la muerte lo alcanzó sonriendo. Hasta siempre, Leo. Gracias.

Escándalo. Estalló en Estados Unidos el escándalo, tan sonoro que bien pudo levantar de su sepulcro al juez Landis, aquel que acuñó para sí eso de que el deber era “cuidar los mejores intereses del beisbol”. La cita se puede decir en voz alta mientras se lee Crimen y castigo, la obra de Fiódor Dostoyevski. Las Grandes Ligas se pusieron a investigar, dicen, y concluyeron que los Astros de Houston rompieron todos los protocolos habidos y por haber; que aprovecharon la tecnología para nada menos que robar las señales del adversario y aprovecharse de ello en 2017 en el que resultaron campeones. En el naufragio texano, como primeros damnificados, el gerente general Jeff Luhnow y el mánager AJ Hinch, acusados directos de armar la trama y sobre quienes pesa la sanción de un año fuera del beisbol además de que de ribete, fueran despedidos de los Astros. Especular sobre si volverán o no al beisbol se acerca al morbo: ellos mismos parecen haberse distado la sentencia al infringir una de las reglas “sagradas” que la ortodoxia beisbolera ha mantenido durante más de un siglo. A lo mejor, y aprovechando que es paisano nacido en la ciudad de México, Luhnow podría ser invitado a ser gerente de algún club de la LMB. ¿O ya se olvidó el paisanaje? Pero esto no fue todo, que aún está pendiente el caso de Álex Cora, el ya despedido exmánager de los Medias Rojas de Boston, quien es señalado tanto por Luhnow, Hinch y la investigación del comisionado Manfred como la mente maestra detrás del esquema de robo de señales de Astros y Red Sox, como coach de banca y mánager respectivamente. Y es que según John Tomase de NBC Sports, mucho se habla de un posible castigo aún más duro, “yendo desde suspensiones más largas hasta un posible veto de por vida de Grandes Ligas, siendo esta última la que gravita dentro de los círculos más cercanos a la organización de los Red Sox”. Y es que al final de toda esta historia, lo que vemos es que nuevamente acudimos a un nuevo velorio, la integridad del deporte pasó a ¿mejor? Vida.

Castigo. En Ciudad Obregón, al caer el último out del primer juego de las semifinales, un grupo de asistentes (no creemos que aficionados) se tomaron de manera muy seria eso de que “pagar boleto da derecho a todo”, que quien sabe quién se lo crea. Procedieron entonces a grabarse, pidiendo ellos que así se hiciera, aventando  con desparpajo cerveza a los jugadores de los Venados de Mazatlán. Decíamos que en este caso, por más que se intente justificar con eso de tratarse de “una travesura para ser viralizada”, el club local y la LMP tenían la palabra para sancionar los hechos. Así se hizo, se dejaron encontrar los responsables, se les boletinó y se les anunció la sanción. Ante eso, los que invocaban sanciones reviran cuestionando las formas, el cómo aplicará el castigo, cuestionando que no exista manera de identificar facialmente en todas las plazas a los “graciosos” e incluso, hay quienes cuestionan que se hayan revelado los nombres. Dostoyevski, listo para desde el más allá modificar el título de su obra. 

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