Opinión

¿Doctorar la bola? Ya no en las Mayores

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

Foto temática(Pixabay)

Foto temática | Pixabay

AVISO.– Años y más años tuvieron que pasar para que en las Grandes Ligas se atrevieran a tratar de eliminar uno de los puntos de simulación más grandes que históricamente han existido. Rob Manfred acaba de emitir sentencia y anunció que ha iniciado una gran cruzada en contra de los pícheres que estén usando sustancias para lograr un mejor agarre de la pelota.

Vamos, se está yendo contra de lo que era un secreto a voces, algo bien sabido en la pelota profesional y ante lo cual todo mundo se hacía el ciego y sordo. En el mejor de los casos, solamente se hablaba cuando en la prehistoria, los lanzadores usaban cuanta sustancia tenían a la mano para hacer gracia y media con sus lanzamientos.

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Se retina así, de alguna forma, el pasado lejano cuando doctorar la esférica estaba permitido, la época de cuando hubo grandes estelares del montículo (Jack Chesbro, Ed Walsh, Eddie Cicotte, Carl Mays,) que fueron conocidos más que nada por su arte para alterar la pelota, algo que se prohibió en 1920 pero quedó como truco socorrido.

Los nombres de Gaylord Perry, Whitey Ford y Joe Niekro, entre muchos otros, se pueden sumar a la lista.

Puede suponerse que la medida hoy parecería tener como objetivo equilibrar las cosas entre ofensiva (bateo) y defensiva (picheo) y puede decirse que en el recuerdo está la permisividad que se tuvo en los ´90s para desbalancear las cosas gracias a la aceptación de los esteroides.

Era tiempo de que la ofensiva llenara los estadios y el espectáculo se llenara de jonrones como valor agregado al boleto de entrada. Hoy parece que se extrañan esos tiempos.

CASEROS.- En México no hay muchas referencias acerca de qué lanzadores, quiénes, se ocuparon de recurrir a tal artimaña, si bien hay referentes al estilo de Juan Suby en los 60´2 y 70´s con su bola ensaliva y el público reconocimiento que hiciera el zurdo Alfredo Ortiz de haber usado Vaporub cuando actuaba como local en el parque del Seguro Social. Fuera de eso, algunos referentes aislados como el caso de Porfirio Ochoa, lanzador oaxaqueño que se untaba pune tal en su mano de lanzar y así lograr que su slider patinara como un pingüino resbalando en nieve. Lo prohibido no ha sido precisamente muy atacado en el beisbol mexicano, tanto aspectos como la bola ensaliva así como el encorchado de los bates, algo en lo que durante muchos años se hicieron ciegos y lo dejaron pasar para hacerlo solamente un chisme entre batboys.

La opacidad ha vencido el tiempo y han acudido mejor a la simulación, el mejor ejemplo de ello es la seudopolítica que se aplica en materia de doping, algo nada claro que desde hace rato se maneja en lo oscurito y sustituido con multas que se agazapan con medidas y decisiones de las que nada se sabe.

Y es que, al parecer, a los empresarios dueños de equipos poco les importa manchar el espectáculo que ofrecen, la limpieza no vende, dirán, y a cambio, lo oscuro y lo secreto agrega morbo y eso sí que vende.

Beisbol al estilo siglo XXI.

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