Opinión

La opacidad que arma un fraude

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

DESEO.- Fueron ideales los días de la pasada Semana Santa para aventurarnos a vivir (probar) la experiencia de ver si es que el beisbol de la LMB podría emocionarnos, tal cual corresponde a su slogan de redes sociales. Hicimos el intento y hasta botana adquirimos. La verdad es que no nos pudimos emocionar ni siquiera tantito. Desde lo complicado que resulta encontrar juegos de pelota en la televisión hasta el hecho de que en Sábado de Gloria las pizarras mandaran el mensaje de “prohibido emocionarse”. El 13-3 en Ciudad de México, el 11-8 en Puebla, el 16-4 en Oaxaca, el 15-10 en León… no, así no llega la emoción. Juegos carnavaleros, que apenas justificándose en el “son días de fiesta”, en donde “nada importa, la gente viene a divertirse”. Y así, mencionar el 2-0 en Tijuana entre Rieleros y Toros suena a tono discordante, a nota desafinada en el concierto a la onomatopeya de batazos y fuegos pirotécnicos. (Y a partir del martes, Monclova en Aguascalientes. El festón de los “dioses”). Más allá de la marca de pelota que se está utilizando, la impresión de que “ese” es el espectáculo al que se quiere acostumbrar al aficionado, de que ese es el nuevo paradigma que se quiere imponer porque (la excusa perfecta) “es Grandes Ligas eso es lo que rifa”. El consuelo del mediocre. Y el domingo requería coronación: juego entre Diablos y Olmecas con final “emocionante” porque los de casa hicieron cinco carreras en la parte baja de la novena entrada y poner así punto final a un juego que consumió nueve entradas en “apenas” cuatro horas 33 minutos. Sí, para un choque que terminó “apenas” 10 por 9.

DESDEÑO.- Las rutas de este proceso de “enseñanza” al nuevo aficionado (que pudiera ser patrocinado por la pelota “Franklin”) pareciera tener como presunto objetivo la devaluación del factor pitcheo. Lo que antes se decía era el 75 por ciento del juego hoy se reduce a tal vez el 20 por ciento. La liga no nos puede emocionar si es que no hay desde la loma algo más que un simple “pasabolas”, si con la nueva tendencia del espectáculo (jonrón-ponche) lo de menos es que emerja alguien que brille desde el montículo si es que lo de hoy es que la pelota vuele y “emocione”. Complicado es que el aficionado con antigüedad oriente al nuevo aficionado para que le entienda al juego y encuentre los muchos ángulos de disfrute y no se quede en solamente hay emoción cuando una pelota vence la barda. Lo que pudimos ver quedó lejos de empatarse con el slogan. Espectáculo “maromero” en el cual hasta quienes lo narran encuentran complicado explicar los porqués y los cómo. Tal vez sea apenas recordando a Suk y Puk, los caníbales de Chanoc, quienes todo querían arreglar a garrotazos.

SOMBRA.- Cantado estaba que si se sumaba a la pelota otro factor de riesgo, el espectáculo 2019 de la LMB podía entrar a la zona de beisbol chafa, a la regresión total por más que se vendiera como “la divina envuelta en huevo”. Desafortunadamente pasa el tiempo ya la liga sigue sin despejar la duda acerca de si en realidad se está ejerciendo una real política antidopaje o si se mantienen en la simulación recaudatoria. Nada, ni una sola palabra sobre el tema, cual si fuera el tiempo del “silencio de los inocentes”. Para certificar la “pureza del juego” basta la palabra desde la cumbre, los actos de fe. El doping desapareció de la LMB por voluntad presidencial (casi por memorándum), que nadie diga que se paga por “limpiar positivos” y más bien que mencione que hoy priva la discreción que salva prestigios y orgullos. No hay por ahora una intentona periodística que se acerque a Javier Salinas y ose preguntarle, que hurgue por una respuesta que sea clara, contundente y CREÍBLE. Y es que negar los cinco mil dólares salvadores es consigna a callar, “una asamblea nos vigila”. La conclusión sería de terror porque del presumible “beisbol chafa” se podría pasar de inmediato al “beisbol fraude” y eso nada más no. Lástima que resulte tan complicado evocar aquello de los años 40: “somos pobres, pero decentes”.