Opinión

La palabra del comisionado

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

AUTORIDAD.- Para repasar con tiento lo expresado ayer por Édgar González por cuanto a que se estaría formando un comité entre LMB, LMP, la Federación Mexicana de Beisbol, Probeis y un “expelotero mexicano exligamayorista” para tomar las decisiones sobre selecciones nacionales de beisbol.

Aquí de entrada hay que decir que no lo dijo el director de Probeis, esto es, la oficina de la Presidencia creada para alentar el gusto de López Obrador, sino que fueron las palabras del comisionado del beisbol, figura existente y vigente en la Ley Nacional del Deporte. Por tanto, hagamos de cuenta que, más que declaraciones, fue un acto (noble) de autoridad.

El contexto fue que se mencionó que la lista denominada preselección nacional de beisbol presentada hace unos día no resultó válida, esto es como queriendo decir que no fue debidamente consensuada y por ello lo del comité.

Así de pasada, el comisionado dejó ver que las selecciones de beisbol son cosa del Gobierno, no de las ligas. Esto es, “productos” de los cuales, a través de Probeis, el Gobierno se hará cargo, quedando al profesionalismo (en todo caso) aportar a los jugadores que el comité determine. Se repartió la baraja, y no a todos les tocó una buena mano.

PRÁCTICA.- En los hechos, lo que podríamos estar viendo es que las selecciones se hagan a propuesta del profesionalismo y los hilos se muevan desde las oficinas de González. Esto serían detalles como permisos y gestiones ante MLB, esencialmente.

Aquí un presunto golpe sobre la mesa sería que no se impondrán nombres a capricho, que se eliminan “dedazos” y que continuará la prevalencia de los jugadores de doble nacionalidad como principal sostén de las selecciones. No creemos que esto cambie.

De fondo, impacto seco hacia la LMB y sus pretensiones de hacer de las selecciones algo propio, puede que hasta en lo que podrían ser intenciones de hacer negocio con ellas. Ahí sí que veríamos efectos de la decisión que se está tomando.

Por lo demás, nada que agregar si es que se anuncia que “todos” estuvieron de acuerdo, que nadie repeló y que ni quien asomara traba alguna. Son tiempos en que en México el beisbol estará viviendo a la sombra de un comisionado, sea quien sea este.

Y es que dicen, será un sexenio pleno en realizaciones para el rey de los deportes (y hasta en armonía, suponen).

AUSENCIA.- El fallecimiento de alguien ligado al beisbol, al menos a nosotros, nos produce algo más que el natural sentimiento de consternación, se salta la tenue línea de lo puramente sentimental para caer en ese amplio espacio que aloja a la pasión propia por este deporte. No es difícil explicarse.

Murió Bill Buckner, y sí, pena por su ausencia, pero al mismo tiempo sentimos que en su partida se llevó muchos recuerdos que nos pertenecen, por época, por vivencias, experiencias: gozos y pesares que se guardan como memorias invaluables.

Se fue el alguna vez campeón bateador de la Liga Nacional, dato que nos dice mucho más que la sempiterna referencia a su error en el juego seis de la Serie Mundial de 1986 contra los Mets. Pero en la hilazón de sus datos, lo que se asocia a ello, a un beisbol que se tiene fijo, con asideros, porque es parte de lo que a uno le apasionó del beisbol.

Buckner fue parte de esos años de beisbol en donde aún no convivían en amasiato jonrones y ponches, en donde en los juegos de estrellas se jugaba a ganar, los años en que a George Brett le invalidaron un jonrón por aquello del uso del “pine tar”; de cuando con los Mets, asombraban Dwight Gooden lanzando y Daryl Strawberry bateando, de cuando aún había televisores con imagen en blanco y negro, y aparecían las antenas parabólicas que en bares y restaurantes servían para “jalar” clientes con el beisbol como atractivo.

Eso es algo de lo mucho que se va con la muerte de Bill Buckner, ese beisbol hoy extraviado entre las ideas “visionarias” de Ron Manfred y entrampado en la parafernalia de números y acrónimos de la secta soberbiométrica. Billy Buckner, el personaje que fue mucho más que una rola que se coló entre sus piernas.