Opinión

La trifecta que aniquila el espectáculo

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

CIFRAS.- Antes de iniciar la temporada 2019 de la Liga Mexicana de Beisbol dijimos que en la víspera veíamos tres factores de alto riesgo para el espectáculo. Mencionamos el nivel de pitcheo (mermado por el número de equipos), la ausencia de un sistema antidopaje y, por supuesto, el uso de la pelota Franklin. Si usted quiere, ponga de lado lo del dopaje (que no deja de ser relevante) y haga de los factores 1 y 3 uno solo. Las cosas están del cocol, dijeran los “chilaquiles”. Hasta el día de hoy, la gran protagonista lo está siendo la bienamada Franklin en tonos de proyección que puede llegar al escándalo. Los números juegan en su contra, promedio de carreras anotadas, jonrones, hits y dobles por juego hacen ver que no se trata de que este año haya grandes contrataciones, que hayan arribado peloteros fuera de liga o monstruos que bateen con troncos al estilo de las caricaturas. Todo se reduce, creemos, a que hoy se juega con una pelota que seguimos viendo como una libre con alas. En 2018, el conocido Michael Wing jugó los dos torneos (la fallida idea salinesca) con los Rieleros de Aguascalientes, en el mismo estadio y tal vez ante la misma gente. Wing participó en 83 juegos y en total disparó 18 cuadrangulares y produjo 76 carreras. En este 2019, en nueve juegos, lleva siete jonrones y 21 remolcadas de tal suerte que haciendo un ejercicio de proyección sobre el rol de 120 juegos, el norteamericano (si es que aún no lo nacionalizan) terminaría la campaña con 63 jonrones y 280 producidas. Cifras como para descorrer un velo de misericordia y que el velo no lleva grabado Franklin a manera de estampado.

EFECTOS.- Dejemos de lado que los efectos “pelota” se vean en que los Rieleros bateen .384 colectivamente, que para eso bien se puede culpar a su estadio Romo Chávez, vamos a otras aristas. Por ejemplo, observar cómo hasta el día de hoy el mejor promedio de efectividad colectivo lo tienen los Leones de Yucatán con un nada decente 4.33 mientras que los propios Rieleros son coleros con un inaudito ¡10.85! Qué difícil será para los clubes evaluar a sus coaches de pitcheo y para estos evaluar a sus lanzadores bajo dicho escenario. Los paradigmas tradicionales podrían cambiar de tal forma que ya no se hable de “estadios aptos para el pitcheo” sino “estadios blindados ante la Franklin” o bien, estadios “menos 10”, parques de pelota en donde se puedan ver juegos de menos de 10 carreras. Ya lo del dopaje podría salir sobrando, ser lo de menos y poco a mencionar ante el panorama. El sentido común (en tono casi de broma) serviría para el comentario inocente de “ni quien quiera usar nada, con esa pelota, hasta con un estornudo”. Pero no por eso dejar de lado el que la LMB sigue sumida en la opacidad y alejada de lo que hace años hasta servía como su timbre de orgullo. Vamos, se hacían ver casi como los defensores de la integridad y la honestidad en el deporte. Pero la verticalidad de miras e intenciones no mete billetes a la cartera.

TAREA.- Sería muy interesante que Probeisb, la oficina gubernamental que dirige Édgar González, se pusiera de acuerdo con la desde-hace-décadas ineficaz Federación Mexicana de Beisbol para que se echen un clavado al sector no profesional. Que se fuercen a visitar ligas amateurs o semiprofesionales como la estatal de Chihuahua, la Clemente Grijalva o la Suprema del Sur de Sonora para llegar justo al semillero y anden visitando los centros de acopio, que algunos los manejan los coyotes. En esas ligas hay mucha tarea por hacer, las cuales se empatan con mucho a lo que el Gobierno federal intenta hacer y que el rey del memorándum quiere lograr. Además, si mal no recordamos, esa es ralacha que debe hacer la Federación si no es que Ana Gabriela Guevara dice otra cosa.