Opinión

La última palabra la tiene el virus

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

LEJANÍA .- Se hace complicado escribir sobre beisbol cuando los diamantes de casi todo el mundo (Corea como excepción) están cerrados. Se suponía que el día de ayer se estaría inaugurando la temporada 2020 de las Grandes Ligas, pero ya sabemos que el coronavirus se apropió de la última palabra.

Ya salió al ruedo el inefable Rob Manfred, que ha estado muy ocupado y que por eso no ha dictado sentencia sobre los Medias Rojas de Boston en el caso del robo de señas, algo que parece entendible luego de que lo de hoy son otras prioridades.

Queremos pensar que Manfred quiere ser optimista y que por ello menciona el mes de mayo como probable punto de arranque de la campaña, aunque una cosa sea decir y otra cosa es lo que la pandemia diga. No olvidar que Estados Unidos es hoy en día eje central del contagio en nuestro continente.

Adicional a ello, la sorda disputa que se traen dueños y peloteros por el asunto de los años de servicio, endulzada con anuncios como el pago que se hará a los jugadores de Ligas Menores por la pretemporada. Ahí viene en 2021 la renegociación del Contrato Colectivo, y las señales de paz y cordialidad están a la orden del día.

Se entiende que el encierro forzado haga que los seguidores a esta deporte rey vean como un asunto de “liberación” que su pasatiempo favorito reaparezca en escena, que se reabran lo estadios, que aparezcan los peloteros sobre el terreno y que los umpires empiecen a cantar bolas, strikes, outs y safes. Pero la última palabra la tiene el virus, nadie más.

MÉXICO.- La misma situación priva en nuestro país, en donde el calendario marca que dentro de poco se estaría iniciando la campaña de la Liga Mexicana de Beisbol, algo que definitivamente no será posible. Nadie sabe a ciencia cierta qué fecha poner para un eventual regreso, menos ahora que las autoridades de salud anuncian que lo más grave de la fase de contagio se dará en los meses de junio y julio, como para pensarla en serio, ¿no? Queda claro que en todo este escenario hay afectación económica para todos, que nadie sale bien librado. Por eso de la urgencia de los clubes, de los patrocinadores y esencialmente de peloteros y umpires. Estar sin chamba es un trago amargo que no se le desea a nadie.  Obvio que en varias plazas surja, digamos, una especie de “angustia” al no aparecer el beisbol como ese gran distractor social, que no haya chance de liberar en un estadio el estrés que nos tiene sometidos a todos la pandemia; pero al final, el obligado entendimiento a que algún día, si bien no sabemos hoy cuándo éste, retornaremos a la “normalidad”.

ESCENARIOS.- Para la especulación, que para el análisis, los diferentes escenarios de decisión que estarían visualizando los directivos de la LMB, entre los cuales se debe incluir el de la cancelación de su temporada.  Si en Grandes Ligas llegaran a tomar tamaña decisión, que se llevaría entre las patas a las Ligas Menores, nadie vería mal que la LMB se viera forzada a asumir la misma, tomando en cuenta como primer factor la permanencia del virus. Vernos como ínsula inmune a todo sería un grave error y por ello, hacer cábalas de que la LMB “podría ser oportunidad de empleo” para los que no juegan suena descocado. ¿Iniciar campaña de verano en julio? ¿Irse con su rol de juegos “tradicional” y alargarse hasta diciembre sin importar si afectan a la LMP? Pensarlo así es imaginar desde ahora la mezquina y reducida visión  de quienes se asumen como que solo su parcela es florida.

Que no se olvide que hace 40 años, ya que hablamos de aniversario, estalló la huelga de 1980, “parón” que los aficionados de ese entonces entendieron al saberlo tan obligado como necesario. Pero ahora, reiteramos, el virus tiene la última palabra, aunque los llantos del gimiente desempleado del Edén suban de tono.

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