Opinión

Una medalla que no esté manchada

RINCÓN BEISBOLERO

Por  José Carlos Campos

Olímpicos. El pasado mes de noviembre se festejó en serio la calificación de México al torneo de beisbol que se efectuará, se supone, durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Torneo en que estarán seis equipos y que será el primero a nivel oficial en la máxima justa deportiva a nivel mundial. Por ahora, persisten las recochinas dudas luego del azote del coronavirus, plaga que inició en China y que por la cercanía geográfica es seria amenaza para el país anfitrión. Fuera de eso, que aún hay optimismo de que dicho torneo se puede iniciar el 29 de julio en Fukushima, bajo un sistema modificado de doble eliminación que conducirá a los juegos de medallas, programados para el sábado 8 de agosto en Yokohama.

Por lo pronto, ya se encuentran calificados México, Corea del Sur e Israel, así como anfitrión Japón. Falta de llevarse a cabo un torneo clasificatorio final que reunirá a las selecciones de China Taipei, Australia, China y Países Bajos. Serán seis solamente las selecciones que tomen parte en la lucha por las medallas, así que de entrada existe confianza en que la selección que estará en manos de Juan Gabriel Castro se traiga mínimo la de bronce. No alcanzar lugar en el medallero sería algo muy cercano al fracaso. El país favorito será Japón, reconocida potencia a nivel mundial, y en la víspera se antoja para que México pelee la plata, a reserva de que Holanda, Corea y Holanda no metan su cuchara y estropeen los planes.

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Riesgos. Cantado está que será Probeis la oficina encargada de todo el brete, teniendo el respaldo de Conade y siendo la Federación Mexicana de Beisbol la que funja como mozo de estoques, por no decir la que ponga los bats y pelotas. Por los tiempos, el “peso deportivo” corresponde a la Liga Mexicana de Beisbol, suponiendo que el róster definitivo se sostenga en el aporte que hagan los equipos integrantes de la LMB luego de que no sobra en la triple A de Estados Unidos el suficiente material nativo que soporte el róster que ya se anticipa, estará sobrecargado de mexicanos nacidos en el extranjero, muchos de los cuales, por cierto, están en rósters de clubes de la LMB. Corresponderá a la dupla Horacio de la Vega-Gabriel Medina abrir los mejores canales de comunicación con Édgar González para que en este trayecto no aparezcan piedras en el camino que, a nuestro juicio, presenta dos baches que se deben rellenar desde ahora. El primer tema sería precisamente el de la nacionalidad, aspecto que tratándose de Juegos Olímpicos se maneja de manera muy diferente a como se las gastan en los Clásicos Mundiales, pero para nada parecido a como se las gastan en México. Más vale checar la documentación de cabo a rabo y no surja por ahí algún “cachirul” al que no se la encuentre ningún ancestro azteca. No todo son las actas de nacimiento “mágicas”.

Reto. Pero lo principal vendrá a la hora de que se revise lo del dopaje, aspecto en donde suele ser que si no cae, se resbala. La LMB llega a esta cita con el antecedente inmediato del que se ha sostenido el protocolo de que pagando 5 mil dólares el club, un pelotero es “limpiado”. Esto es, urge el máximo rigor para que desde ahora mismo, que el tiempo ya está encima, cualquier pelotero que aparezca en la pre-lista sea enviado a “limpiarse” y no resulte con su “domingo siete”. Sería una desgracia obtener una medalla que más tarde fuera despojada por estar manchada. 

Las suspicacias nacen al saber que la LMB descuidó de forma fea y grosera un tema tan relevante. El Comité Olímpico Internacional no anda con medias tintas, así que más vale prepararse desde ahora: todo el róster que pase por al Ariel y el Vanish, que un error puede costar la gloria a la que se aspira. De lo deportivo hablaremos después. 

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